Duodécima gala: cuando el protagonista rompe el guión

Igor gh 14Empezaba la gala flotando en el ambiente que el siguiente expulsado sería Igor. La presencia de la madre, la ex novia y Miriam en el plató ya presagiaba que el protagonista de la noche sería el donostiarra.

Vaya por delante, y como ya comentaba en mi análisis de la anterior gala que aún estoy a la espera de saber qué ha hecho de malo Igor en su relación con Miriam. Básicamente todo se reduce a lo siguiente: Igor se dejó tocar el pito, se lo explicó a un colega y puso el freno.

Esto es todo. Ya decíamos en el anterior análisis que quizás lo más discutible y menos elegante había sido el hecho de airear ciertos detalles que quizás se debería haber guardado para él. Pero aún así, no le veo ni le vi a algo tan común como eso la extrema gravedad que se nos ha querido vender.

En esta edición con personajes tan poco potentes en general, parece que desde la cadena se ha optado por guionizar absolutamente todo (información del exterior, nominaciones extravagantes…) y esta estrategia ha tenido entre otros como víctimas a Miriam y a Igor, cuya relación ha sido tomada por los guionistas como base para obtener buenas audiencias durante un par de semanas cuando los audímetros flojeaban. Lo que parece claro es que desde arriba se ha preferido sacrificar a los fieles espectadores del 24 horas por los de las galas, que son las que atraen anunciantes y, en el fondo, dinero. Putea, pero es comprensible hasta cierto punto.

Es cierto que la historia entre Miriam e Igor existió, –y seguramente fue la relación con más verdad de las que corrían por la casa–, que Miriam especialmente no caía demasiado bien y que el cocktail cuernos + humillación pública acostumbra a funcionar bastante bien. Con Miriam funcionó estupendamente.

Y en eso estábamos. Hacía falta sacrificar al seguramente único concursante con mentalidad adulta de la casa para cerrar el círculo, dar una buena audiencia y esperar a que, a saber si por generación espontánea, se manifestara alguna neurona en la casa de Guadalix en las siguientes semanas. Viviendo al filo de la navaja.

Y con el guión bien preparado, empezaron los actores a salirse del mismo.

La primera, la madre de Igor, que con una excelentísima educación planteó a las claras que en la gala anterior se había condicionado enormemente una corriente de opinión en contra de su hijo. Sus argumentos fueron tan pausados como contundentes. La entonación, la actitud de Mercedes Milá en la anterior gala habían sido claramente pejudiciales para su hijo.

La Milá tuvo que recular un poco admitiendo que quizás la manera de decirlo no fue la más correcta aunque lo adujo al barullo que corría por plató.

Hubo un segundo intento, antes de la llegada de Igor a plató, de hacer algo de sangre entre Ainara –la ex de Igor y Miriam pero la vasca no entró al trapo. No nos extrañó entonces que Igor viera a Argi con buenos ojos, porque para mujer de hielo, su ex. En cualquier caso, otro hilo argumental que se iba al garete. Nos quedamos sin lucha de barro.

En eso que llega Igor al plató, en una de las expulsiones y llegadas al plató más rápidas que hemos visto en GH.

Tras los saludos de rigor, al lío. La realización nos sorprende con una misse en scéne a lo 24, con la pantalla partida en un frame principal para el protagonista y tres ventanas más pequeñas para los secundarios, a saber: Ainara, Miriam y la madre de Igor. Todo preparado para el show.

Se muestran los mismos vídeos que vimos con Miriam y empieza el interrogatorio.

Pero si en el caso de Miriam, esta observaba aturdida y algo avergonzada los vídeos, el vasco toma una actitud muy diferente. Él argumenta lo que ve, insistiendo en que llegó un momento en el que él veía que la situación se tornaba peligrosa y él intentó cortarla por lo sano. Y que sí, que se lo explicó a personas de su confianza. Como hace la mayoría de la gente.

A cada intento de la entrevistadora de poner en un compromiso al protagonista, éste devolvía una respuesta argumentada –con las que se puede estar de acuerdo o no– pero en ningún caso se quedaba vendido. Más bien al contrario, daba la impresión que quien quedaba en evidencia era la entrevistadora que no conseguía doblegar al vasco. A parte del bucle de si metió o dejó de meter, o si tocó o dejó de tocar, a la Milá se le acababa la munición, tirando ya de groseros argumentos como el tiempo que tardaba el vasco en correrse. Como si le importara a alguien y como si fuera argumento de nada.

Tan mal le deberían ir las cosas, que recurrió a unos personajes de la talla de Inma y Pedro para que le echaran un capote consiguiendo a cambio un speech algo surrealista del zaragozano que la propia periodista tuvo que cortar porque no llegaba a ningún puerto.

El guión se había ido a hacer puñetas. Igor estaba vivito y coleando y ya había recibido los ataques de la artillería pesada.

Siguió el turno de los figurantes. Un Iván desquiciado, viviendo en su propio mundo que a nadie importa demostró su falta de educación y sinceramente ni escuché los berridos que emanaban de su boca.

Algo parecido, con un grado menor de intensidad, pasó con Lorena. Empezó la ungles cuques su particular y recurrente búsqueda de su minuto de gloria acusando a Igor de ser un manipulador, un maleducado, un estratega, que si tanto daño le había hecho, que si lloro indignada…

Y lo mejor fue la respuesta del donostiarra ante la pregunta de Milá: —”¿Tienes algo que decir al respecto?”

—No.

Minipunto.

El guión ya a tomar por culo y el guionista a punto de cortarse las venas.

Incluso el último cartucho, uno diría que desesperado, de recurrir a Anabel falló como una escopeta de feria. Ella reconoció honestamente que si había alguien que se había comportado tremendamente mal con ella habían sido los gemelos y dijo que no quería focalizar sus quejas en Igor, que se había comportado mal, pero como el resto de sus compañeros. También buscó su momento pero Igor le ofreció sus disculpas y la cosa no pasó a mayores.

Y para acabar con broche de oro y tras haber visto los vídeos de las tramas subterráneas de esa casa, el vasco se despidió de Sonia con un “no me han gustado algunas cosas que he visto”, cosa que causó honda alegría en el populacho –incluído un servidor, y abatimiento en la odontóloga. Aunque no deja de ser cierto que adoleció de lo mismo que él criticó en la despedida de Miriam, había ganas de que la canaria recibiera algún toque de atención. Muchas ganas.

Y así, con el guión completamente trastocado, Igor acabó su entrevista y se pudo ir a su casa con la cabeza bien alta.

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Y que quede claro que el vasco nunca ha figurado entre mis favoritos –aunque hago un poco de trampa en esto: no tengo ningún favorito– pero la suya de ayer me pareció una actuación soberbia. No dejándose subir a la chepa, como se dice popularmente, y agumentando, argumentando, y argumentando.

Alguien ayer quedó con el culo al aire y no fue precisamente el de Donosti.


Como nota a parte diré que, quizás a que todo ocurrió al revés de lo previsto, la gala me pareció excelente, con un buen ritmo, con las nominaciones bien repartidas (y por fin, normales) y con una correcta selección de vídeos. 19,5% de audiencia.

El dato negativo es que de cara a la semana que viene, el interés por el expulsado (recordemos que los nominados son Nacho, Adrián y Yessi) tiende a cero y ya pueden prepararse una gala del terror o algo parecido porque si no verá la gala Rita.

Y para los que esperáis crónica, pues mala suerte 🙂 La verdad es que no pasó nada. Susana y Gonzalo empezaron un bucle en horario Viruete y lo acabaron una hora después, Kristian sudó de Sonia y los demás estuvieron en corrillo. Nada que no hayamos visto ya. Podéis pegarle un vistazo a lo que contó Leónidas en twitter.

Saludos calcetineros y no olvidéis ser malos.

Acerca de Maroto

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Gran Jefe Calcetinero. Desde GH 14 en este cajón.
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