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Liquidando rapidito, que es gerundio / Comentamos la decimocuarta gala

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Todo apunta a una final multitudinaria y no me refiero sólo a la audiencia ni al número de votos que el sufrido (y estulto) contribuyente esté dispuesto a emitir, sino a la cantidad de concursantes que serán coronados esta misma noche como finalistas de la edición número quince de Gran Hermano. Hoy saldrán dos y el resto se los rifará  el respetable previo pago, no sabemos ya si de uno en uno, de dos en dos o todos de golpe y maricón el último, y casi me atrevo a ponerle nombre y apellidos al maricón (o más bien maricona) si el voto se formulara en positivo.

A pesar de los cacareados datos con los que nos castigan semanalmente, una tiene la sensación de que algo no ha ido bien, al margen de las impresiones que se perciben como simple espectador. Se diría que hay prisa por cerrar el chiringuito de Guadalix y, conscientes como somos de que a esta fauna se la suda todo lo que no se ciña a los objetivos que se deciden en los despachos en forma de números, no queda otro argumento que el de esos mismos números, que no acaban de cuadrar, ni tampoco debe haber nadie demasiado dispuesto a molestarse en cuadrarlos. Basta con recordar el despliegue que se hizo durante la gala de “los familiares” en la que llamó la atención la  (pobre) escenografía ya que era la adecuada para una fiesta fin de curso.  O la de “halloween”, que quedó reducida a unos cuantos cubos de engrudo sanguinolento. Y nosotros acostumbrados a escenarios de tronío…

Algunos hemos manifestado nuestro descontento durante toda esta edición con el pretexto del timo, del tongo, del fiasco o de lo que fuera porque el cásting esta vez parecía divino. Y lo era, pero alguna mano negra jodió el discurrir de los acontecimientos. Tal vez no lo hiciera con mala fe, ya que la exquisita selección de concursantes, que esta vez no son tan culpables, reaccionó con  más lentitud de la esperada. Así nos encontramos con la exaltación de un personaje sobreactuado hasta el hartazgo en detrimento del resto, que por su cuenta o debidamente estimulados (tal y como se ha hecho siempre que ha sido necesario) hubieran  arrojado otros contenidos que con seguridad hubiesen hecho nuestras delicias. Y me va a perdonar el lector paulista esta disquisición, pero yo a estas alturas ya dudo hasta sobre el origen de su manufactura en virtud de lo que veo y oigo, y es que la catalana parece estar programada. Los más crédulos dirán que ha epatado al resto gracias a sus virtudes. Sea lo que fuere, que a mí en realidad me importa un carajo, el caso es que de estos polvos (o más bien de uno solo que no duró ni diez minutos) vienen estos lodos. Y así nos vemos: con cara de tontos, con prisas y con esta frustrante sensación de desencanto.

Y aún hay más, porque según discurra el planteamiento de estas irregulares elecciones se podrá deducir la voluntad que existe por la parte contratante de dar carpetazo coronando a la reina. Pero me estoy poniendo melancólica, o mejor dicho, me siento impotente y rematadamente idiota por haber volcado tantas esperanzas en esta edición hasta el punto de haber alterado mi vida real más allá de lo tolerable por puro vicio. Y los maravillosos locos de @laheskoria lo explican mucho mejor:

Sólo me queda desearos todos una gran noche y recomendar con toda la mala leche del mundo que no invirtáis ni un céntimo más en la causa, que le suerte hace tiempo que está echada.

Ale, sayonara.

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Y como extra bonus os dejamos este bonito vídeo que se ha currado @segundoaviso. ¡Felicidades por el trabajo!

 

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