Amedio y yo

Querido diario, hoy te voy a hablar de Amedio.

Amedio es muy guay. A mí me superencanta. Es así peludito y me gusta achucharle y darle todo mi cariño y mi amor.

Cuando le beso me hace cosquillitas en la cara. Yo las llamo las cosquillitas de la felicidad. Me encanta tocarlo y acariciarlo y meterle mano. Aunque se enfurruñe, ¿sabes? Porque yo sé que a él le gustan, a pesar de que luego me chille un poquito. Además, él también hace de las suyas, no te creas…

A veces se enfada conmigo porque no me canso de jugar con él. Pero en el fondo me quiere. Aunque si se enfada mucho, pasa de mí. ¡Oh, sí! ¡De mí! ¿Cómo se puede pasar de mí? Es que no lo entiendo, tía, ¡qué fuerte! Con esta carita que Dios me ha dado. Espera que me pongo las manos en las mejillas para que lo aprecies bien…

Pues eso. Que pasa de mí. ¡De no creer! Y yo ya no vivo, porque lo es todo para mí. Pero entonces es cuando saco mis armas secretas. Esas veces, más que nunca, intento llamar su atención: Le chincho y le hago rabiar. Pero sólo para que me mire con su carita peluda. Porque es tan mono…

Sin embargo, no suele ser fácil. Sabe hacerse el duro hasta que consigo que me diga algo. Entonces, entro en bucle y repito lo que haya llamado su atención. Y él comienza a entrar en bucle. Bueno, mejor dicho, en espiral. Pero esto es lo más guay. Yo sé entrar en bucle como un disco rayado. Pero él, no. Esto es un secreto, ¡eh! Me lo tienes que guardar.

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Como te decía, él entra en espiral. Comienza suave, pero a medida que se va repitiendo, su tono va in crescendo. Pensarás que lo saco de quicio. ¡Ah, no! Eso no. Porque yo… me limito a hacer la moviola. ¿Por dónde iba? Ah, sí, pues eso. Que entonces él empieza a cambiar su carita y sus ojos comienzan a brillar de rojo pasión. Y eso a mí, me supermotiva. Porque está muy guapo esté como esté, siempre que me mire…

Y chilla y chilla y yo soy superfeliz, tía. Porque está así por mí. ¡Sólo por mí! Y entonces me voy y lo dejo con las ganas un ratito. Para que piense en mí y me eche de menos. Ahí va otro secreto: En esos momentos yo me hago el enfadado porque sé lo que viene después. Así lo dejo una hora más o menos. Y luego, vuelvo cabizbajo como cuando se te ha roto un juguete. Y él, que es bueno, sufre por verme así.

Y me pide perdón por chillarme, y yo me hago el remolón mientras dejo que me haga carantoñas y me acaricie y se me suba a la chepa. ¡Y vuelvo a ser feliz! Y él, pues también. Porque sabe que no puede vivir sin mí. Y a mí me superemociona. Y le digo que es mi campeón. Y nos abrazamos. Y nos besamos. Y nos sobamos…

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Pero hoy estoy superdesconsolado. Parece que no me funcionan las tácticas. Lleva dos horas sin hacerme caso. ¡Dos! ¡Qué fuerte! Estoy pensando en hacerme el muerto. A ver si así me hace el boca a boca. Pero a lo mejor se piensa que estoy dormido. Y a mí… no se me ocurre otra cosa… Estoy de los nervios. Y sufro, sufro mucho. ¡No sé qué hacer!

Espera, ya sé. Voy a criticarlo delante de mis superamigas. Si consigo que ellas pasen de él y lo miren con cara de asco, seguramente él morirá por volver a mis brazos.

Y yo le diré al principio que me dé un respiro pero sin alejarme demasiado. Y él me hará gracietas e intentará hacer ver a mis superamigas que él es bueno y que no me hace nada malo. Y en cuanto mis superamigas estén a otro rollo, yo bajaré la guardia. Y así, volveré a ser superfeliz. Entre achuchones. Y él también. Porque el destino nos ha unido para siempre…

No sé. ¿Qué te parece mi idea? También se me ocurre ponerme el delantal. Nada más que el delantal. Recién salido de la ducha. Y ponerme a cocinar. Y revolotear alrededor de mi amigo. Y meter la ropa en la lavadora. Estoy seguro de que eso no lo dejará indiferente mientras desayuna. ¡Ay, no sé! ¿Tú qué piensas? ¿Debería probar la opción anterior? ¿Se te ocurre alguna otra? Respóndeme pronto porque ¡muero de pena!

Ya sé que no me puedes responder. Eres un diario. Pero, en el fondo, sé que me superentiendes.

Pues eso es todo lo que quería contarte de mi amigo Amedio. ¡Uys! Espera. No se llama Amedio. Se llama… Armario. ¡Ay, qué tonto soy! Armario es otra cosa. A ver, a ver… Amedio… Armario… Amedio salir del Armario… Ups, perdona, se me ha ido la olla un poco… ¡Ya lo tengo!… ¡Se llama *****!

¡Ya la he liado! Como se entere que he confundido su nombre ya no me ayuda más con el blog.

Fdo: El calcechino granaíno

PD: Todo parecido con la realidad es fruto de una sobredosis prolongada.

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