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Blog del sufrido concursante

Padre, he pecado.

Hola, me defino como alguien a quien no le gustan las nuevas tecnologías. No me gustan los blogs, ni Twitter, ni Instagram, ni Facebook, ni Whatsapp, ni Telegram, ni nada que tenga algo que ver con la era de la información; a la que calificaría como era de la intoxicación por desinformación digitalizada, que nos convierte cada vez más en gregarios del borreguismo informatizado. Ostras pichín, qué bien me ha quedado… Tampoco veo la televisión. Ni siquiera apagada. Porque no la tengo. Ni ordenador. O eso digo… Eso sí, me declaro rocker por ser más de dejarme influir por tendencias que contagiaron a mis padres; y guardo, entre mis tesoros, un tocadiscos y varios discos de vinilo. ¡Qué narices! ¿A que soy especial? ¡Me cago en todo lo que se menea como no me deis la razón!

También tengo mi lado oscuro. Hablo chino en la intimidad. Soy amante de los selfies y gran experto en postureo. De ahí que saque partido a mi rostro imberbe, a mis ojos redondos (porque me pego los párpados superiores), y a mis pequeñas manos para vender una imagen a caballo entre Marco y Heidi. Y funciona, vaya que sí. Lo mismo inspiro ternura infinita que doy pena a raudales a partes iguales. Además, tengo unas gafas rectangulares de pasta sin cristales para compensar mi rostro redondo. ¿A que os gustaría adoptarme?

Diréis que soy incongruente… Pues no. Yo soy así…

A menudo me confunden con un mueble porque, de vez en cuando, mi pareja me embarca a traición en movidas tras prometerle que la seguiría allá adonde ella fuera. Sin embargo, no es por ello que parezca un perrito faldero que rabie y ladre, siempre sin vocalizar en exceso y por lo bajo. La verdadera razón es que siempre he estado celoso de Tito, a quien mi pareja quiere más que a mí. Sí, sigo siendo yo, a calzonazo quitado…

Tengo una debilidad, lo confieso. Los hombres. Me gusta coquetear y caigo en brazos de cualquiera que me lo ponga un poco difícil o que represente un subidón para mi autoestima. Por ello prefiero enrollarme con quien tiene pareja. Pero no soy de frivolidades, no os confundáis. Más bien, soy joven en pleno caos de locura hormonal y abogo por la libertad sexual y por la igualdad de género. Y, aunque conversando, brille por su ausencia mi coherencia, prefiero que se hable siempre de mí, lo cual también eleva mi autoestima. Pero no os enamoréis aún…

¡Que no soy incongruente! La culpa es de los resúmenes…

Por supuesto, cómo no, tengo mi lado ”flowerpower”. No me gustan los conflictos; hasta tal punto que procuro evitar pronunciarme, salvo en la intimidad y contando con la complicidad de una amiga, claro está. En general soy muy idealista y me gustaría que se lograra la paz mundial, que se acabara el hambre en el planeta, y que todo el mundo mirara al firmamento y entendiera lo insignificantes y vulnerables que somos en la inmensidad del universo. Ya sabéis, ”haz el amor y no la guerra”. Pero yo, ni edredoning. Comeré chocolate, a ver si así…

Algunas veces, me siento un cero a la izquierda -efectos secundarios por haber sido objeto de burla en mi adolescencia- y, para evitarlo, me apunto a todas: si alguien ha hecho algo, yo también; si se estila ponerse piercing, me lo pongo… En definitiva, si alguien es guay, ése soy yo. Y para que quede claro, yo sí he conseguido hacer carpeta, en tiempo récord, y con una extranjera. Por si fuera poco, me he cortado la coleta, como Sansón, pero Dalila no me olvida. ¡Toma ya! ¿A que mola? Pues yo, más.

Perdón, me he venido arriba, del verbo venirse arriba…

Asimismo, me gusta defender las causas perdidas (pero con red de seguridad, sólo cuando noto el viento a favor), soy muy ”gourmet” eligiendo mis amistades y las defiendo a muerte y sin prisioneros. Forma parte de mi personalidad. Por defecto congénito, descubro fácilmente a los subiditos, a los hipócritas y a quienes juegan; porque yo y sólo yo estoy aquí (¡en dieciséis ediciones!) para vivir la experiencia, y porque yo soy así.

Ya me he repetido, ¡mecachis!

Hay facetas de mi personalidad que voy dejando atrás conforme maduro. Son las que no gustan, las que revientan, supongo, así que las voy desechando. Ésto también forma parte de mi encanto natural, que os vuelve loquitos por mis huesos. Porque yo soy un gran necio, un estúpido engreído, egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso, inconsciente y presumido, falso, malo, rencoroso, que no tiene… Uy, perdón, se me ha colado parte de un desecho.

Y, para terminar por donde había empezado, declaro bajo juramento que soy conocido como el tipo de la armadura, que guarda -y en ocasiones chuperretea- la llave del cinturón de castidad de su pareja con arduo celo y compromiso insólitos.

Dicho lo cual, he de reconocer que parezco reservado, aunque, en el fondo, soy más cotilla que la vieja del visillo.

Saludos de un servidor que no es contradictorio, sino paradójico, polifacético y simbionte; adjetivos que, aunque no sé lo que significan, suenan chachi piruli.

Fdo: El Confe, para los amigos calcetineros.

Padre, he pecado.

Padre, he pecado.

Postdata: Llegué tarde y nunca tuve posibilidades de ganar, pero he luchado. Mis representantes y T5 estarán orgullosos de mi concurso, porque he cumplido. Y sin embargo, saldré como un machista apestado. Gracias por citarme fuera de contexto. Sin embargo, el jueves, llegará mi momento. No os sorprendáis mucho con mi entrevista; en esta edición, nada es lo que parece y lo es todo a la vez.

Nota del ahutor: E contratao un negro pa que escriva mi vloj por la hortografía i tal… que to se pega salbo la ermosura!

zduxtr

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