El “discreto” encanto de la Wallesía

totxana2A Sonia Walls le sucede como a Letizia Ortiz.

Ésta es la de cal, dedicada a todos sus inflamados seguidores. La estoy comparando nada más y nada menos que con una princesa. Pero no hay cal sin la de arena. Letizia es joven, hermosa, preparada, trabajadora y tenaz, sin embargo nadie la traga. La razón es bien sencilla: el pueblo llano la identifica como una trepa de manual, fría, arribista, calculadora y obsesionada con lograr sus objetivos sin salirse en ningún momento de los parámetros de la corrección política y la escrupulosa urbanidad. Como la señorita Walls, pero en un ámbito mucho más modesto aunque igualmente expuesto al mundo durante una buena temporada.

Para alcanzar sus objetivos, Sonia disfruta, además, de la impagable ayuda (que diría Letizia) de su insolente familia. El patriarca, un señor bastante cursi y algo carrozón que parece desbordado por las redes sociales, se declara además experto en el arte de la abducción del borrego desesperado. Lo que ‘se viene a llamar’ coaching, anglicismo que procede del verbo inglés to coach, (entrenar). El método consiste en dirigir, instruir y entrenar a una persona o a un grupo de ellas, con el objetivo de conseguir alguna meta o de desarrollar habilidades específicas, según la Wikipedia.

Y a eso se dedica precisamente Ramón el carrozón estos días, a entrenar, dirigir e instruir a un rebaño de desquiciados a los que ha convencido de que su hija es el exponente máximo de la virtud en el mundo terrenal. Con la impagable ayuda –Letizia again– de su vástago, un chaval presuntuoso y maleducado que tampoco acaba de acoplarse a las redes sociales. Sin embargo y a pesar de sus ‘contrastadas’ habilidades, ni el padre ni el hijo parecen capacitados para asumir el fregado en el que se ha metido su hija. Fallan en diplomacia y (digo yo que) como son canarios y allí hay menos tradición, son poco duchos con la muleta. El caso es que en su loca escalada hacia el maletín, que según parece está asignado a sufragar un máster a la hija y hermana sin mácula, ambos han perdido la cabeza. El resultado previsible de este vergonzoso comportamiento es que media España, o al menos la España de la pandereta, la que devora cualquier mierda que nos coloquen en prime time, odia a Sonia Walls.

No sería justo atribuir todos los méritos al padre y al hijo. Algunos seguidores inflamados por la pasión y probablemente por la perspectiva de gozar de jugosos descuentos –¡o incluso gratuidad!– en las clínicas que regentan los Walls, también han colaborado estrechamente con la causa. Esta rebuznadora asume el hecho de que podría estar errando en sus desbarres, por lo tanto la siguiente explicación que se me ocurre para este fenómeno es haber subestimado las capacidades del gurú del coach, en cuyo caso le recomendaría que se propusiera sacar mayor tajada del asunto y emulara a Kiko Argüello o a San José María Escrivá de Balaguer, reconocidos maestros en el arte de adocenar borregos. Y aquí es imprescindible buscar ‘adocenar’ en el diccionario porque no ha sido escogida al azar. Si no les complacen los anteriores ejemplos –uno ya es santo y el otro está en camino– no se me ocurre otra cosa que citar a Charles Manson, que aunque se sitúe en el polo opuesto es igual de válido en este contexto bizarro. En cualquier caso quiero que quede constancia de que estoy sugiriendo que el comportamiento de don Ramón el carrozón con perdón, su hijo y (algunos de) sus desquiciados seguidores se podría considerar sectario, por si no ha quedado claro. Y nada de amenazas con demandas a lo Lorena style, que pido disculpas al final de ladrillo y ya está bien de paralizar los juzgados con gilipolleces.

Inciso: me disculpe quien se haya zampado este coñazo de introducción.

Prosigo.

Estos días, la intachable Sonia, además de cambiar de estrategia y fingir una cena romántica junto a un triste polvo que nadie ha visto y que parecía ser consecuencia de los efluvios del tintorro, no ha tenido inconveniente en aislar, imponer su tiranía y casi conseguir que sus vasallos en Guadalix condenen al ostracismo a su enemigo Igor. Es extraño que una buena persona como ella no haya hecho la menor concesión al vasco que en todo momento y a pesar de los obligados reproches ha mantenido el tono conciliador. Por cierto que esta conducta, aislar al enemigo, suele provocar en el espectador un efecto contrario al pretendido. Y es que la mentira y la manipulación (siempre veladas en este caso que nos ocupa) son útiles cuando uno está rodeado de borregos pusilánimes que se han acomodado en el gregarismo. Esta circunstancia ha convertido esta edición en un castigo insufrible, ya que el control patológico e interesado de Sonia sobre todo y todos es tan absoluto que apenas hay tramas más allá de los morreos obscenos con los que nos obsequian ella y su “novio”. Y digo novio porque la noche de la cena almibarada ella lo invitó a pedirle eso mismo, noviazgo formal. Supongo que lo hizo pensando en legalizar su unión antes de consumar el coito para salvaguardar su reputación; si es que consumaron algo, que a estas alturas nadie lo tiene claro salvo el implicado, que afirmó a su regreso que nada de nada porque la dama tiene un absceso en los bajos, aunque ayer mismo supimos que habían traspasado no sé qué barrera. Y esto inevitablemente me recuerda a Zorrilla, que no Sorrilla, versión coña marinera del pueblo llano: “¡Don Juan, don Juan, la puntita nada más…!”

De todas formas no subestimaré la capacidad de la odontóloga para alcanzar sus objetivos. Le debe ir muy en la vida de ahí fuera porque nadie ve, oye y padece sus maquinaciones 24 horas. Pero en este momento vemos lo que nos deja el realizador, suficiente para captar retazos de su modus operandi. La doctora Walls es una mujer normal y corriente, una de tantas, trabajadora, resuelta, ambiciosa y muy apegada a su nueva posición. Ha conquistado por méritos propios el ingreso en la burguesía, que viene a ser en la actualidad casi como pertenecer a la aristocracia porque la cosa está muy devaluada. Letizia, por cierto, es la campeona mundial en eso del ascenso social. Una lástima que sus ademanes de mujer hacendosa, decente y sumisa delaten carencias en su faceta trepa y controladora. ¡Ay, los ancestros! Los de Sonia, naturalmente, porque la otra de sumisa tiene bien poco que para eso ella ya es noble y no burguesa. Qué vulgaridad.

Decía que no la subestimo porque el otro día, cuando andaba acojonada por el regreso de Igor al lupanar, la veíamos hacer cuentas para sufragar la multa que hubiera tenido que apoquinar en caso de huida. Reconsideró la situación tras escuchar a los megafoner@s y pasó al plan B. Todavía nos queda el C, ojo, aunque parece que el doctor que huyó a Uganda no está por la labor y además ya es parte contraria. No dudo, en definitiva, que el coste de la multa que se ha ahorrado será igualmente empleado en salvarla en caso de nominación, o bien sería destinado a hacerla ganadora si se proclamara finalista, que ésta es muy capaz de conseguirlo si sus vasallos no despiertan. Esa cantidad junto a lo que sus fanáticos recauden, dicen las malas lenguas que por sugerencia del gurú… A mí que me registren que yo sólo he mentado a Charles Manson un poco más arriba. Por lo tanto, esta humilde enladrilladora no descarta que a este paso Sonia Walls se convierta en la 1ª ganadora de GH que sea abucheada cuando descienda emocionada y sonriente las escaleras del (precioso) plató de Tele5.

Sin embargo y aunque parezca mentira, el mundo no gira en torno a Sonia Walls. Si acaso le tenemos que conceder el mérito del protagonismo que ha conquistado ejerciendo de inquisidora, jodiéndonos a todos (bien jodida) esta edición de GH con sobredosis de silencios, autocontrol, rifas y morreos obscenamente sonoros.

Muy alejada de esta estampa está Susana. Ella, como contrapartida, representaría –de manera metafórica– a las fuerzas del bien. La murciana se ha convertido en una mártir a merced de los primitivos naranjitos, dos seres deleznables, vulgares y básicos afincados en Sevilla y olé cuya única virtud reside en mantener una relación fraterna ejemplar. Para más información sobre estos dos piezas recomiendo leer la entrada de Enzo de ayer.

Susana es una concursante a la que yo achaqué en un principio una sola neurona. Y lo mantengo, pero sucede que es hiperactiva (la neurona). Inteligente y reflexiva, coñona, buenaza y poco influenciable en principio, la mencionada neurona de los cojones se toma un descanso justo en los momentos en los que debería ser expeditiva. Eso y las malas artes de convicción –al más puro estilo coach de CEAC– de su rival en el concurso, que ha sabido aprovechar la diferencia de edad entre ambas y la condición tranquila de la guapa murciana que en definitiva es la gran rival de Sonia en Guadalix por mucho que la canaria lo niegue, porque la realidad es que no la puede ver. Se masca en el ambiente y punto. A mí los besos, los abrazos y las palabras me la sudan. Me quedo con los gestos y los hechos. Y los hechos son que una nomina a la otra, pero no hay reciprocidad.

Llama también la atención que la neurona de Su haya hecho su trabajo decidiendo dar al villano Igor una oportunidad. Ella no ve claro el purgatorio impuesto al vasco ya que hace apenas tres semanas So andaba rumiándole sus penas amorosas por los rincones. Además, el de Biarritz la ha escogido como confidente para comentarle esa vergüenza suya de la adicción, que ya no lo es. El primer paso para superarlo es reconocerlo sin descomponer el gesto.

Otro inciso: Yo no juego, sólo fumo como un carretero y en contadas ocasiones abuso de algunas sustancias que contienen alcohol, pero apenas duermo durante meses perjudicando a mi ecosistema por culpa de esta mierda de concurso. No sé qué es peor.

Prosigo.

Decía que es posible que Igor le haya confesado su antigua adicción para llevarla a su terreno. Y es legítimo que lo haga, que esto es un concurso, coño. Su, coherente, ha concedido el valor que se debe al gesto. Si ella ha sido la escogida será por algo. Lo que Igor pretendía es ofrecer y ganar su confianza así como reconocer el valor de Su, como concursante y persona… para aliarse con ella, naturalmente. En estos momentos la neurona de la murciana está procesando datos. Ya veremos si despierta en el momento adecuado o nos la vuelve a jugar.

En cualquier caso lo que no se puede negar es el protagonismo de Sonia. En este momento ella es la que concentra gran parte de las pasiones que se desatan en el exterior, aunque sean en forma de odio. Con sus maneras sibilinas y su doméstica tiranía, ha conseguido opacar al resto de concursantes. Esta rebuznadora está segurísima de que otras tramas y otras personas hubieran brillado en su ausencia.

Desirée, la que camina siempre como envuelta en una bata de cola imaginaria, es la contrapartida al carácter avinagrado de la canaria. Histriónica y exótica, todo en ella es derroche y excesos, aunque administra su capacidad de generar vulgaridades con exquisita elegancia. Torbellino de colores, que diría Pemán, con esa mala leche postiza que gasta “porque el mundo la ha hecho asín”, goza de mi simpatía aunque a veces la estrangularía. Desde mi punto de vista es la concursante que más necesita el premio, tanto por el uso que daría al importe como por las consecuencias que tendría en su vida.

Luego están los demás, pero habrá tiempo para todos. De momento sólo miento (de mentar) a Saray. Urge que alguien de Telegenia le vaya haciendo llegar un recopilatorio de imágenes y vídeos de la madrileña a Tim Burton.

Ya hablaremos del “muñeco” en otro momento más apropiado. Prometo incurrir en todos los excesos barrocos que me caracterizan y alguno más.

La retrasada incorporación de Álvaro, tan snob como equilibrado, también ha sido trágica para esta edición. Él hubiera puesto la nota de cordura necesaria en ese nido de tibios fantasiosos que se empeñan en vendernos esta farsa. El accidentado concursante habría sido nuestro interlocutor válido en Guadalix. Ayer mismo negaba haber sido atacado por el virus de la “magnifiquicencia” que se atribuye a GH. Mientras redactaba este ladrillo soporífero lo he visto hacer palmas como loco de contento porque le ha tocado una pera en una rifa walls. El muy julandrón se reía encantado de la vida.

Etcétera. Esta vez creo que he batido mi propio récord.

Pido disculpas al masoquista que haya llegado hasta aquí y también a todas las personas que se pudieran ofender con mis soflamas incendiarias, pero este concurso va de mirar y juzgar al personal que se presta al experimento, que por cierto está muy bien premiado. Por lo tanto considero legítimo que los aspirantes –cualquiera de ellos– y sus familiares desplieguen los recursos que crean necesarios para conseguir sus objetivos; tan legítimo como que yo empuñe la tecla y los ponga a parir a todos por puro vicio.

Acabo ya, lo juro.

Mercedes va mañana a Guadalix. Cómo estará la cosa que ha tenido que subir la madre de todas las presentadoras a sacarlos de su letargo. Parece que definitivamente el formato se ha renovado incorporando elementos del exterior, así que espero que los ponga a parir a todos sin contemplaciones mientras permanecen quietecitos con el pico cerrado por exigencias de la prueba.

Yo, mi Ipad, mi Mac, mi pecé y mis teléfonos móviles estaremos muy pendientes de lo que pueda pasar. Nos vemos en dos semanas. Tengo que darle un abrazo a un tal Santiago… 😉

Hale, Sayonara.

Obsy

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Enladrilladora oficial de la Calcetinería. Un coñazo, pero en tuiter no me dejan pasar de 140 caracteres y aquí sí.
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