El marrón de Paulita (Hawai contra Albacete)

ladrillo obsy Buenos días, amados, guapérrimos, divinos e ilustrados habitantes (y polizones) de Calcetineros.

Maroto ya ha sintetizado perfectamente en su anterior no-entrada  los acontecimientos de ayer: la gala de Azahara. Tres expulsados, tres y la pobre de Mercedes sudando la gota gorda para arrancar algún momento inolvidable. Si hay algo que la enladrilladora tiene clarísimo a estas alturas es que cualquier tiempo pasado fue mejor. Y no, esta vez no voy a culpar a la parte contratante, ni mucho menos a la presentadora porque no se lo merecen. Esta vez me voy a poner de parte de los presuntos verdugos porque la actitud resabiada e intolerable de algunos concunsartes merece la (evidente) reducción de presupuesto. También  sería una estupidez prolongar el encierro más de 90 días. ¿Para qué, si se han negado a generar los contenidos por los que reciben puntualmente sus correspondientes emolumentos? Cualquier especial navideño de MHYV recauda más beneficios en media hora. En varios de mis ladrillos infumables ya me había quejado de la actitud de los concursantes por todo tipo de razones. Por encima de todas destaco el “resabiamiento” y las conductas previsibles que prácticamente se reducen a la formación de carpetas, o a hacer el payaso frente a las cámaras para que los montajistas puedan cortar y pegar imágenes dirigidas al público menos exigente. Sin ir más lejos, a la abuela de mi vecina Paquita, que tiene 102 años y conserva intacta la vista y la lucidez, le fascinan los primos cantando en valenciano, porque la buena anciana pasó sus años mozos en tierra de moros y cristianos. Ella, como yo, también forma parte del público de Gran Hermano. Y cualquiera apaga la televisión durante las galas, resúmenes o Debates, que amenaza con ascender desde el mismísimo infierno cuando toque y vengarse tomando posesión del resto del cuerpo del dueño del dedo que ose tocar el mando a distancia…

El caso es que lo que empezó como un experimento sociológico en el año 2000 se ha convertido en un trampolín  para que los hipotéticos valientes que se matan por permitir que los veamos cepillarse lo dientes en Guadalix alcancen sus objetivos, que suelen estar relacionados con sus futuros profesionales y que en la mayoría de los casos esperan que vayan asociados al medio que los acoge. Y cuando digo cepillarse los dientes es literal, ya que esto por lo visto esto que lo que pretendían los dos tontolabas: pasar unos meses luciendo barbas y musculitos y a correr a exprimir el tirón que da la fama en su escuela de surf. Con todo el derecho del mundo, naturalmente, pero lo que el experimentado adicto a este despropósito percibe es el incumplimiento de contrato (moral) de este tipo de sujetos. El sufrido adicto y la presentadora, que está hasta el moño de aspirantes resabiados. Y aquí no me queda más remedio que citar de nuevo a nuestra comentarista Rosess: la que se ha rendido ante la evidencia de la farsa es Merceditas ante el comportamiento de la rubia y Juanma, que como el canalla que es ha aprovechado para dejar bien claro ante toda Ejjjpaña a la malagueña que sigue con su novia. Con luz y taquígrafos, otro trance que se ahorra el muy hijoputa, con perdón. Eso y atreverse a desafiar a cualquier ser humano en edad de dar o recibir, ya que negar sentir atracción sexual por Azahara es de maricones, con perdón. Y lo del perdón va para largo mientras salga este elemento en mi ladrillo. El barbudo además, ante las razonables protestas de la (impotente) presentadora, se permitió el lujo de culpar a los responsables del cásting. Que hubieran elegido a otro, vino a decir. Que tenía todo el derecho del mundo a comportarse como una ameba vigoréxica y estafadora aunque no fue eso lo que él y su primo nos vendieron en su vídeo de presentación. Por cierto, el padre de Jony necesitaría volver a nacer 50 veces para comprender las intenciones que encierran eso de “yo no soy ésa: soy Mercedes. O Merceditas”.

De primo Jony poco que añadir además de sus “sí, no… ehh, uhhh. Yo soy así (de bueno y de simple)”. Ya claro. Por lo menos nos hemos enterado de que la gitana estudia. Sin embargo hay que concederle al menos el leve intento de hidalguía al reconocer cierta atracción por Yolanda. La enladrilladora supone que fue buen chico, ya que la (divina) autora de los días de la albaceteña estaba presente. Llama la atención la mentira piadosa, porque si algo ha quedado claro es que a Jony le repugna prima Yoli aunque le haya venido bien para cierto desahogo que ella ha consentido en silencio. Habrá que esperar el jueves próximo para que Yolanda, ella sí, deje hacer su trabajo a Mercedes, que espero y deseo con toda mi alma que le pregunte sin filtro si al barbudo bajito se le ponía bien dura bajo el edredón. Y si notaba cómo esa (presunta) dureza se apretaba contra sus menudas posaderas. En definitiva, ambos primos han sido una estafa como consursantes. Uno por negar la evidencia y el otro por justificarla vagamente. Que les den.

El segundo expulsado de la noche fue Hugo, el niñato malcriado que vacía vasos de agua en el suelo y cuyo mayor mérito ha sido aportar una cabra divina al reparto. Fascinante Rubia, que se convierte en una metáfora con cuernos ya que ha encarnado mejor que nadie el espíritu de esta edición y a sus portentosas cagadas o meadas me remito. El gallego se ha limitado a limpiar los residuos caprinos y a ejercer de niñato divertido los martes y viernes bajo los efluvios del calimocho, si bien hay que reconocer que todos sus compañeros lo adoran y algo tendrá el agua cuando la bendicen. Por lo menos anoche fue generoso y ante la ausencia de contenidos esparció una dosis de buen rollo espontáneo en el plató. Además tuvo el detalle de autoproclamarse mobiliario oficial de Guadalix, circunstancia que estuvo a punto de matar de risa a la impotente presentadora. Triste y desesperada risa la de Mercedes que yo interpreté como el canto de un cisne… o los berridos de un cerdo cuando llega su correspondiente San Martín. Y a gúguel que os mando a buscar lo del cisne, porque lo del cerdo es universal.

(Inciso: Ni se os ocurra mirar en news que eso ya es casi un delito. Fin del inciso que toca Azahara)

En mi anterior y lamentable ladrillo hice un intento de defensa de la malagueña. La rebuznadora, además de gilipollas, es noble como un toro bravo, y nobleza obliga. Azahara y yo compartimos paraíso de vez en cuando pero no es suficiente. A mis quejíos sobre la conducta opaca de (la mayoría de) los concursantes me remito. A la parte contratante se le ocurrió convocar unas mini elecciones para paliar el aburrimiento en Guadalix. El nuestro, se entiende, porque ellos tenían suficiente con dejar las horas pasar contándonos historias que nos la sudan. El aburrimiento y la ausencia de contenidos, porque así no hay forma de rellenar los resúmenes. Y esta es la terrible (y temible) consecuencia del voto positivo, tal y como el Gran Tomás Blanco nos aclara en uno de sus ilustrativos e irónicos (que no sarcásticos)  GH Talks. Y lo que acarrea el voto positivo y la ausencia de nominaciones es que se imponga la moral judeocristiana. No es literal, naturalmente, es una reinterpretación del padre de GER porque Tomás es nuestro particular dios todopoderoso en este submundo paralelo. Decía que la consecuencia del voto positivo es el buenrrollismo de salón, un coñazo marinero insoportable. Así, estos días nos hemos tragado a los rácanos concursantes conviviendo felices y (casi) comiendo perdices, que poco ha faltado durante esta edición para que se pegaran una mariscada semanal. Añadía Tomás, que al carecer de intrigas, el interés se traslada fuera del escenario. Es decir, que es el turno de los programas satélites que alimentan a las catervas devoradoras de ocio estulto.

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Ayer GER faveó un preciosísimo tuit de Patt en el que salíamos nosotros. Absueltos quedamos de todo pecado. Je.

El caso es que estas improvisadas elecciones reactivaron lo que justifica sus salarios, es decir, concursar, que hay 300.000 en juego y se supone que se los debe llevar el que mejor juegue. Tenían que elegir un no-finalista y como el sufragio era reducidísimo, el voto no podía ser secreto, aunque alguno, como el cobarde de Hugo, lo pretendió al sugerir  que se “barajaran” los sobres. Una vez las cartas sobre la mesa, empezó la función, pero en estas Azahara, que ya no es una cría y debe pensar que su estancia en Guadalix es equiparable a cualquier curro temporal de esos en los que hay que protegerse de los superiores, inferiores y semejantes, decía que cuando se reactivaba la conversación sobre lo que a nosotros nos interesa, la malagueña soltó esta perla:  “Mejor nos callamos porque igual lo que quieren es que hablemos ahora todo el rato de esto”. ¿Pero para qué cree esa pandilla de amebas qué está ahí dentro? Que nos importa un carajo que el abuelo de Azahara tenga la nariz pequeña (sic). Que no está de más que rellenen su estancia con pinceladas de anécdotas anodinas de sus vidas, pero esperar a que caigan los 300.000 del cielo es una sinvergonzonería que incumple con lo pactado en sus contratos. Y en este párrafo no me queda más remedio que dedicar unas palabras al eterno debate sobre las vidas “de fuera” de los concursantes, que en función de la chicha que contengan, serán incorporadas o no al guión de Guadalix. La nariz del abuelo de Azahara no da para subir la audiencia, pero las parejas o exparejas de los concursantes, e incluso las peleas entre sus familiares en el plató o las incursiones de las madres en la propia casa siempre han sido bienvenidas. Y todos, tanto ellos como nosotros, hemos asumido que en mayor o menor medida, de esto se alimenta el espectáculo. Así que el hecho de que Paulita, ese chollo de concursante con permiso de Omar y de las primas, se haya empeñado desde el minuto uno en hacernos partícipes de su azarosa vida, forma parte de este tinglado. Y es un hecho comprobable que ella ha contado que ha llegado a zurrar a su abuela, a sus novios y que incluso quería tirar a su hermana por las escaleras. Por celos, se entiende, motivo suficiente, por lo visto, para que Mercedes disculpe sus arrebatos de cría déspota y malcriada, que es lo que es y no una criatura necesitada de cariño como sostienen sus hordas de abnegados defensores. Más bien se trata de la clásica jovenzuela (déspota y malcriada, insisto) con afán de protagonismo que desprecia los afectos más cercanos porque los considera una obligación y que se comporta de forma intolerable cuando alguien la lleva la contraria; si bien, como ella misma ha tenido la amabilidad de explicarnos a lo largo de 80 días, años de terapia la han enseñado controlar sus impulsos. Eso los psicológos, que el resto del trabajo lo ha hecho la televisión y la paciencia de su abuela. Sirva todo este parrafazo para justificar que aunque sea una canallada recordarlo (¡ay, Omar!) llama la atención que se ponga tanto empeño en evitar el asunto, porque la realidad es que Paulita utilizó esa faceta de su vida (con luz y taquígrafos) para conquistar al carabanchelero creyéndolo un semejante y le salió el tiro por la culata porque eso es de lo que él precisamente huye, de egocéntricas malcriadas como la hawaiana. Pero en el camino hemos quedado todos enterados. Y hay determinados tipos de conducta que suscitan demasiado rechazo en las almas más cándidas y sensibles. La mía está entre ellas (mi alma, digo) y me la suda la distinción entre “fuera y dentro”. Paulita no merece ninguna recompensa. Sólo faltaría. Es más, merece una lección entre la que, afortunadamente para ella, se encontrará el reconocimiento a su capacidad de adaptación al medio en el que se encuentra en este momento, que si ninguna duda es el suyo. Alabar, ensalzar y posteriormente premiar comportamientos y caracteres como el de esta chica, desde mi punto de vista, es un indicio de que algo va mal. Y me disculpe el (cabreado) lector paulista porque haya salido a relucir la moralista que llevo dentro, pero se me pasará en cuanto acabe la función.

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Tiene toda una semana para conquistar vuestros corasones entre sonrisas y lágrimas abrazada a la sandía. ¡Saludos y enhorabuena a Emilio Cuadrado!

Observe el paciente lector cómo se me ha ido el santo al cielo, porque yo pretendía dar su merecido a Azahara, que anoche tomó conciencia del ridículo que ha hecho colgándose de un narciso oportunista. Y a eso se limita su cacareada enfermedad: al pánico que tiene al ridículo, que además es fácil de superar pasando por todo tipo de bochornos y fatigas y asimilando con sentido del humor que precisamente hacer el ridículo forma parte de la vida. A mucha honra (¡si lo sabrá bien la enladrilladora!) aunque alguien debería hacer ver a la malagueña que una relación no se basa en la compasión, que es incompatible con el amor y además destroza el alma…o la cabeza del ser presuntamente amado por el peso de los cuernos. Pero que no nos cuente milongas. Azahara ha ido allí a deshacerse de la pesada mochila de un noviazgo que carece de pasión. Ella lo que quiere es cultivar su propio huerto de pepinos en Nueva York y que el sufrido devorador de mis ladrillos que haya llegado hasta aquí interprete la sentencia en sentido figurado o literal. Claro que también tiene la opción de retirarse a un convento de ursulinas a redimir sus pecados, aunque Merceditas la absolvió anoche para tratar de hacerla cantar con poco éxito, una constante en esta edición. Como mínimo Azahara debería haber tenido la dignidad y el valor de enfrentar la situación con claridad, que para eso le había clavado las uñas en la espalda a Juanma en algún que otro abrazo de esos de cariño que se prodiga toda esta gentuza ante más de cien cámaras.

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No confundir zona de confort con infidelidad

Hizo algún amago pero el primo la amonestóTendremos que esperar a las primas y aprovecho para pedir a quien corresponda desde aquí que administren los tiempos con la misma solvencia de ayer, claro que hay una diferencia evidente ya que era fácil prever que sobraría tiempo con dos de los expulsados. La semana que viene faltarán horas entre la escopeta sin seguro de Alejandra y los alaridos, gritos, lágrimas y posiblemente las trechas de la otra aspirante, sin subestimar la respuesta a la necesaria pregunta que más arriba ruego y exijo que Mercedes haga a Yolanda.

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Esto es lo que pasa por andar tonteando con surferos narcisos

Y no me queda más remedio que empezar a terminar a pesar de tener la sensación de apenas haber empezado.

Iba a titular este ladrillo dos rubias y una morena o algo similar, pero he cambiado de opinión porque es una vulgaridad sexista impropia de mí. Me la chupa que las finalistas sean mujeres. Lo que verdaderamente importa es que son las que merecen estar ahí. Las tres. Iba a escribir las únicas pero he recordado que de este fantástico cásting que se ha traducido en una pésima y extraña edición, hemos dejado en el camino a concursantes magníficos, como el Gran Omar, Shaima o Luis. O el mismísimo Paco, ese verso suelto que hace muestras delicias en el plató. Para entender estas bajas hay que remitirse a las redes sociales. Me decía ayer @cartales con acierto no exento de desencanto, que esta ha sido la edición de las recargas. Algunos nos hemos divertido de lo lindo ya que la cosa ha llegado a cotas surrealistas… que estamos dispuestos a incorporar a nuestra vida de adictos porque Gran Hermano, a pesar de todo, está vivo y goza de buena salud. Renovarse o morir, pero a GER le pido que si hay continuación se revisen tanto las normas como los sistemas de nominación y votación. Por cierto que Mercedes mienta (de mentar) orgullosísima un número altísimo de votos, pero seguimos sin números absolutos. A estas alturas sabemos que esta empresa factura ya sin ayuda, pero la pérdida de concursantes valiosos por el camino me temo que se podría achacar a la posibilidad de jugar con los escasos números absolutos que se han manejado al principio. Y el manejador, si es que lo hubiere, la ha cagado soberanamente.

De todas formas esta final es la mejor de los escenarios posibles si nos atenemos a las combinaciones que nos quedaban. La posibilidad de cuadrar el círculo a gusto de la (inosoportable) rebuznadora con Paula marcándose un Sonia Monroy el próximo jueves excita mi retorcida imaginación. Estaba casi convencida de que Yoli no aguantaría. Ahora me alegro y agradezco el esfuerzo que han hecho los de las recargas, con o sin jamones, porque entre otras muchas cosas, han conseguido salvar la última semana. Será interesante ver cómo decide Paulita salir del marrón que supone enfrentar esta situación. Podría decidir hacerse la víctima abrazada a la sandía o bien dejar caer la careta y repartir mandobles a sus enemigas. Lo normal sería que trataran las tres de llevarse lo mejor posible para pasar este trance de manera cómoda. Esta opinadora, naturalmente, quiere que haya guerra sin distinguir tácticas ni estrategias. Me sirven todas. Pero también vamos a ver qué tal se comportan las de Albacete. Es un arma de doble filo esta final aunque, en teoría, “jueguen” dos contra una, y no me refiero a los votos, sino al aislamiento que Paula puede esgrimir para hacerse la víctima, con o sin razón. Y sabemos que cualquier error de las primas será utilizado en contra de ellas por todas partes. De momento anoche nos chupamos los primeros llantos a solas de la (presunta) tripolar que a mi juicio llevaba una mala hostia del demonio que no se podía aguantar. Veremos cómo resuelve. De momento pasó por el confesionario y supongo que el sicólogo, que la tratará en el futuro según nos hizo saber ella misma por falta de reflejos del realizador, le dio los mismos consejos que yo: a llevarse bien. Y aquí paz y mañana gloria.

Sé que a estas alturas es difícil defender que no es mi intención minimizar el papel de Paula en Guadalix sino todo lo contrario, ya que ha sabido rentabilizar como nadie las facilidades que se le han puesto en bandeja, otras cualidades aparte como el incuestionable adorno de su extenso repertorio de artificios.

Sorprendentemente ayer, las tres finalistas en lugar de mostrarse alegres lucieron semblantes serios. La hawaiana acojonada porque se ha quedado sin compañeros que la ayuden a escenificar sus operetas (sólo queda la sandía), que ahora toca no perder los papeles y convivir con las que desde el principio detectó como sus  mayores rivales a batir. Y es que el gran olfato de Paulita es otra de sus muchas virtudes.

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¡Alegría, que estamos en la final!

Las primas, por su parte, tomaron conciencia de que de alguna manera también podrían rivalizar, pero Alejandra ha dejado claro para nuestro regocijo (y para tranquilidad de las almas justicieras) que entendería que el voto se centrara en una de ellas. Tanto monta, monta tanto. A 150.000 tocan y los bolos, a medias. Votad, malditos, que yo ya he cumplido con 3338 palabras.

Voy con Alejandra, naturalmente.

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Hale, sayonara!

pd.: Me largo unos días a algún paraíso frío. No me veréis la tecla hasta el día anterior de la gala. O sí, puñetero vicio. Del wifi y de las aguas altas dependo 😉

 

(Aprovecho para pedir disculpas a quien pudiera ofender por los excesos de mi verbo florido. No hay ninguna mala intención real en mis palabras más allá de reflejar puntualmente un cúmulo de sensaciones,  juicios  y  prejuicios que, probablemente erróneos en la mayoría de los casos, se deprenden de la osadía de exponerse ante la “opinión pública” durante algunos meses)

Acerca de Obsy

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Enladrilladora oficial de la Calcetinería. Un coñazo, pero en tuiter no me dejan pasar de 140 caracteres y aquí sí.
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