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La magia está en expulsar a quien se lo merece

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ladrillo obsy txiki [dropcap]B[/dropcap]uenas tardes, queridos, pacientes, guapérrimos y excelentísimos habitantes de la Calcetinería más exquisita, justa y confortable de la red.

Aviso para navegantes: hoy no hay introducción.

Si algo tienen las tradicionales galas familiares, al margen de la emotividad, es la posibilidad de poder comprobar cómo se comportan los aspirantes a hacer bolos durante un par de años por suelo patrio ante un estímulo exterior tan poderoso. Nada como llevar las emociones al límite del ser humano para sacar conclusiones certeras sobre sus personalidades. Mejor si el detonante de esas emociones es inesperado. Y  Mercedes anoche inauguraba la gala familiar anunciando la visita de los familiares: “ellos no lo saben” decía al exclusivo espectador de los jueves. Mientras tanto en el directo y casi a la vez, Juanma  la contradecía: “hoy vienen las familias

Y es que en Guadalix el factor sorpresa casi brilla por su ausencia desde hace demasiado tiempo, circunstancia que hace posible que los aspirantes diseñen sus estrategias casi al milímetro, algo de lo que yo tanto me quejo porque que resta espontaneidad al desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo, hay matices que ellos no valoran ya que son imposibles de prever.

Y Paulita no supo anticiparse a la visita de su nonagenaria Yaya, una señora divina, muy achuchable, clavadita a ella o al revés, restando lo de los achuchones y cuestionando lo de la divinidad. La hawaiana sí tenía preparado el guión para recibir a sus amigos. En principio era fácil, se trataba de seguir tirando de sus recursos más conocidos: gritos, muecas, piñas bebé y toda la parafernalia a la que nos tiene acostumbrados, la misma que tanto parece agradar a la parte contratante. Lo que no se esperaba ella es que algún miembro de su familia, a la que ha sacado a pasear esta última semana porque estaba acojonada tras conocer los porcentajes de la expulsión del gran Omar, se tomara la molestia de plantarse en la sala de pruebas. Obviando (de obviedad) lo de la ausencia de lágrimas, hecho que ella misma se apresuró a disculpar ante el respetable mientras interrogaba a cada uno de sus compañeros para valorar las posibilidades de sus contrincantes en función de los medios que se hubieran empleado para entretener al respetable…, decía, que me pierdo, que obviando lo de las lágrimas, Paulita olvidó su catálogo de gestos, gritos, muecas y demás parafernalia justo en el momento cumbre. Y no sólo durante en este momento, sino que después tampoco mostró sus histriónicas emociones ya que estaba demasiado ocupada en enterarse de cómo habían sido las visitas del resto. El caso es que defraudó, ya que todos esperábamos que, emocionada y agradecida, achuchara un poco más a la entrañable yaya, sobre todo porque somos conscientes del esfuerzo que supone el gesto de la anciana por tener los cojones de encerrarse en una piña madre para sorprender a su nieta. Que Paulita es o ha sido una joven conflictiva lo tenemos claro. Ella misma nos informó de que había llegado a pegarse con su abuela, algo difícilmente disculpable tras ver las dimensiones de la encantadora señora. Pero Paulita anoche no daba crédito al esfuerzo ni a la inesperada muestra de cariño que recibía de un miembro de su familia, acostumbrada como debe estar, y esto naturalmente son elucubraciones de la opinadora, a imponer su tiranía de jovenzuela malcriada a los suyos entre gritos y mamporrazos. Lo que la enladrilladora percibió fue la imposibilidad de Paulita de manifestar abiertamente su afecto hacia quienes realmente lo merecen, que son los suyos, a los que con seguridad ha tenido que hacer sufrir con sus arrebatos de princesa malcriada. Y es que la consigna en estos casos suele ser primero ella, después los amigos seguidos por los extraños que la ayuden a conquistar sus metas y los aduladores dispuestos a seguirle la corriente. Y en último lugar los que te corren por las venas, esos que están para sacar las castañas del fuego en silencio, querer incondicionalmente y mucho ojo con llevar la contraria que arde la Barceloneta y me lío a hostias. Pero no me corresponde a mí divagar sobre este perfil tan recurrente de jovenzuela. Pedro García Aguado ya se encarga de ello. Yo sólo me dedico a meter cizaña porque a mí no me la pega la hawaiana. Y no me la pega porque fueron sólo unos nanosegundos los que bajó la guardia, los que no empleó en ayudar a incorporarse a laanciana de su silla. Reaccionó al fin, buscó el registro que ella creyó adecuado para adaptar su voz al momento y empezó a decir una tontería tras otra hasta que el súper la liberó del papelón de mostrarse humana y terrenal justo en el momento y en el lugar en el que debería haber aparcado sus artificios. Y que no venga nadie a recordarme lo de mi parcialidad, que lo soy en virtud del desprecio que siento hacia el problema que representan jóvenes como Paula en demasiadas familias. Así que entono el mea culpa sin ruborizarme y  también tengo el descaro de hacer una lectura positiva, ya que el deseo de protagonismo (y de hacer lo que les salga del coño) en este caso ya está debidamente colmado. Un milagro más de Gran Hermano, amados e hipotéticos lectores. Mis mejores deseos para la catalana y su familia, de corazón, porque al margen de mis sesgados juicios estoy completamente segura de que algo se ha removido  en las entrañas de Paula aunque no lo sepa articular por falta costumbre, que ella a los suyos los mete por vereda a mamporrazos.

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Como me vuelvas a levantar la mano se te va a caer el pelo

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Por lo demás, chachi piruli, princesa.

Pero la noche dio muchísimo más de sí. Tras la torpe y por una vez, mal calculada (y enésima) exhibición de Paula nos dimos un baño de realidad. Fran, el amigo de Cayetana (la de la rama materna de los Kennedy*) casi se ahoga en el confesionario tras ver un vídeo de sus hijos bailando el gerónimo. La enladrilladora, mientras derramaba una lagrimilla en honor a los pantojos del mundo, pensaba que era una pena perder al verso suelto de Guadalix, a la nota discordante, al que no pegaba ni con cola entre esa jauría de aprendices de tronistas y sus derivados. Porque a mí, en el fondo, me gustaba Fran aunque nunca estuve de acuerdo con lo de su presunta inteligencia. El listo de esta pareja, tal vez de toda la edición y con bastante diferencia, es su representado. Listo, camaleónico, saleroso y generoso, Luis es el único, junto a Omar y menor medida Alejandra, que no ha tenido inconveniente en bañarse en todas las charcas sin haberse constipado al salir, gestionando con maestría e incluso con elegancia cada uno de los obstáculos que se le han presentado, incluido el que él mismo fabricó para poner en la picota a Omar. Y aquí tengo que mentar el exquisito golpe de efecto que supone el detalle de hacer llegar una pulserita al carabanchelero durante el DBT. Y como nobleza obliga, el truhán reconvertido en señor ha resuelto reducir la contienda a un duelo entre caballeros que al final ha devenido en pacto. Y es que Luis sabe muy bien que los caballeros no se andan con mariconadas, es decir, que es muy consciente de la nobleza de Omar.

El caso es que no me había recuperado yo de la intensidad del momento estelar de Francisco cuando salió su mujer de una tarta para ponerle el cuerpo malo al pobre hombre, que al fin pudo ser consciente de primera mano de la imagen que estaba proyectando entre la vecindad, que es lo que de verdad le preocupaba a ella. Tiene que ser durísimo ir al Mercadona y escuchar los susurros que el reponedor le hace a la cajera: “Esa es la mujer de Pou…” ¡Durísimo! Finalmente la (castradora) mujer pudo respirar tranquila y de paso comprobar que lo que sucede en Guadalix no va más allá del plató… a no ser que uno esté dispuesto a prolongarlo más de lo recomendable, y esta experimentada emparrafadora recomienda a Rosa de Benito que se ate los machos porque le puede haber salido un duro competidor.

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Esto sí es real

Mercedes estuvo conciliadora y yo, que soy provinciana y empática, decidí que hizo lo correcto, que bastante mal rato había pasado el hombre en el confesionario tras tomar conciencia del ridículo que había hecho ante la vecindad, que no ante el público experimentado, que nos lo pasamos todo por el forro porque se nos olvidan todas estas chorradas en cuento cae el telón y las evocamos con nostalgia sólo cuando se vuelven a encender los focos en Guadalix. Lo agradecí unos cinco minutos, tal vez incluso menos, que fue el tiempo que tardó Fran en volver a sacar a pasear a los niños pobres de Ronda que por lo visto al final han resultado beneficiados, y es que con la solidaridad sucede lo mismo que con la riqueza: bienvenidas sean siempre sin atender ni a su origen ni su procedencia.

No cerraré el bloque de Fran sin añadir un par de reflexiones: ha sido un gran concursante que no ha dejado a nadie indiferente. Su mayor virtud ha sido su contagiosa risa cascabelera, que yo echaré mucho de menos. Peeeero (siempre hay peros) está de más tomarle el pelo al respetable con lo de la presunta adivinación de la muerte de la duquesa de Alba. Adivinar que Cayetana (la de Alba, no la de los Kennedy si es que hay alguna) abandonaría este mundo tiene casi el mismo valor que adivinar que mi santa madre está justo en este momento en la cola de la pescadería mirando fijamente a las cigalas.

(Inciso para comprobarlo. Llamo y lo compruebo. Error garrafal: que ella no sale hoy con el frío que hace. Que ha llamado al pescadero y él le lleva a casa… langostinos, que le han mandado una foto por wasap y ella sabe de muy buena tinta que esas cigalas no son nacionales y no le da la gana de pagar ese precio. Que cuánto sinvergüenza hay por el mundo. Es verdad, mamá, es verdad- Fin del inciso y prosigo)

Las demás sorpresas, mágicas o no, fueron proporcionalmente intensas a la entrega demostrada por cada uno de los protagonistas. Y esto la enladrilladora lo decide de manera sesgada y parcial en función del nudo que le nace en el estomago, asciende por el esófago hasta llegar a la faringe y desde ahí muta en una especie de masa gaseosa opresora que se instala entre la epiglotis y las fosas nasales, y presiona y presiona hasta que estalla en forma de lagrimilla, acompañada o no por su correspondiente hilillo de mocos.

El caso es que los encuentros de Yolanda, Alejandra y Luis fueron intensos y emotivos.  El del aspirante a tomar la alternativa, fue además divertido, que es una cualidad que adorna a Torerín que destila picardía y gracejo andaluz. Y como no hay regla sin excepción, Hugo también tuvo su dosis de mislagrimillas a pesar de que el respetable lo percibe como un mal concursante aunque sea evidente que es muy querido por sus compañeros. Además está lo de la morriña y lo del acento gallego. La enladrilladora siente devoción por el galleguerío patrio aunque deteste el timbre de voz del cabrero, ese zagal mimado, desordenado, correveidile y maleducado que sólo se activa los martes y los viernes por la noche cuando huele a calimocho. O cuando ve a su madre, que es algo así como mirarse  a un espejo que no refleja ni pelucas ni barbas.

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De tal palo tal astilla.

Ya he dejado claro que no soy imparcial ni lo pretendo. Digo esto porque los surferos y sus amigotes molones con sus presuntos mensajes en clave, que al igual que los mandamientos se pueden resumir en dos:” fluye y besos gitanos”, me dejaron indiferente, si bien hay que destacar la actitud positiva de los familiares, personificados en la madre y el padre de cada uno de ellos, que al parecer tienen en común con su hijo y sobrino, y presupongo que con el resto de la borregada, y ojo con no confundir borregada con borreguerío, que esos somos nosotros y a mucha honra, decía que tienen en común con su hijo y sobrino lo del ego exacerbado. Tan positiva era la actitud del padre y la madre respectivamente que más o menos trasladaron a este par de amebas vigoréxicas que son las estrellas absolutas de la edición y que tienen apoyo hasta en el Elíseo, que está en Paris. Sobra decir que esto es una licencia poética de las mías, pero escuché algo de Francia, me niego a revisar vídeos para citar de manera literal. Eso ya lo hacen otros y además soy yo la que decido cómo reflejo esas minucias para hacer mis ladrillos más llevaderos.

Y ya que entro al trapo de los familiares no puedo dejar en el tintero el paralelismo que existe entre las madres de Nueva York y Tarifa. Ambas muy ‘vivas ‘y pizpiretas, optaron por no cagarla con el lenguaje verbal y se ciñeron a trasmitir el mismo mensaje: Todo muy bien, pero bien bien. Y todo está bien, todo está bien, si bien (y redundo por estética) la interpretación de estas palabras en cada caso parece que es opuesta: Bien en Juanma es que no hay problemas fuera, y la enladrilladora interpreta que tampoco con su chica; y todo está bien lo traduce Azahara como que hay problemas y en este caso, problemas razonables con su chico.

La futura lideresa del PACMA, que por cierto se acaba de estirar en el directo con un monólogo de yoísmo de los suyos en el que ha salido a relucir que ella, tan modosita, echó 1€ en Amsterdan para verle el chocho a una señorita (se sobreentiende que en ese circo no hay animalitos en peligro…),  decía que aunque hablaba con Luis de viajes en primera persona que es la única que utiliza cuando vocaliza, tuvo la mala suerte de comportarse con la prudencia que como digo se asocia a la (presunta y fingida) modestia y fue la única que no pudo abrazar a sus familiares. Su prudencia o su torpeza, interprete el lector como desee su actitud en función de sus filias o sus fobias, le fastidió uno de los mejores momentos del concurso. Y es que desde que la parte contratante regañó a la malagueña por culpa de las pelotas de su novio, la rebuznadora percibe cierta falta de entendimiento entre las voces en off que también habitan en la casa y la fatigosa hermosa doncella. Lo que ya no tuvo en cuenta Azahara es el guiño saleroso que sus actuales jefes le hicieron al obligarla a interactuar por entre pelotas, y esta vez lo del guiño tiene sentido, no como aquélla del oso panda escondido en el baño.

Llegados a este punto he de informaros que esto de nuevo se me ha ido de las manos. Hubieran bastado los dos párrafos iniciales, pero carezco de la virtud de la síntesis. Pata enmendar el sufrimiento y agradecer la paciencia del abnegado, sufrido e hipotético lector, voy a tratar de ser más concisa.

…Pero antes de hacerlo es mi obligación poner en evidencia al canalla interesado de Jony, esa ameba barbuda que lleva dos meses soportando con cara de asco los embistes de Yolanda, la dulce y buena de Yolanda, que ayer por fin consideró la posibilidad de que su dignidad estuviera bajo mínimos gracias a  su madre y a una  de sus amigas. Sacó los dientes la de Albacete al primo (en dos de sus acepciones) y el barbudo, primero molesto y después acojonado, que para eso está en la palestra esta semana, se empleó a fondo para que la rubia se metiera de nuevo en su cama. Y es que la torpe de Yolanda le había dejado una nota de despedida. Las palabras que había escrito este (coñazo de) enamorada fueron “perdón por querer tenerte siempre a mi lado“. La reacción de Jony, en el baño, con la guardia bajada y la cara descompuesta por la mala leche ya que no había nadie delante mientras se desahogaba con su primo fue “esto es una mierrrrrda, primo. Una mierrrda“. Después entró alguien y ambos recuperaron inmediatamente la compostura, es decir, la simpatía impostada que los caracteriza. La enladrilladora se retiró a sus aposentos justo cuando el abyecto y canalla barbudo, que sólo necesitaría dejar de dar cuartelillo a las manifestaciones de cariño que le procura la cabezota prima, le zampaba el siguiente eufemismo: “Si realmente acabáramos siendo algo más que amigos…” La siguiente imagen que me arrojó el Ipad fue la de Yoli encamada con este mal aprendiz de fauno, derretida entre caricias tan buscadas y consentidas como nunca correspondidas.

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Jony haciéndole la rosca a Yoli porque es su única baza en esta competición

Y ahora sí que me veo obligada a intentar finalizar de verdad, pero no lo haré sin dejar claro que considero un error tremendo apelar de nuevo al voto pactado en lugar de dejar fluir el voto del odio, o el del castigo, que son los que en tiempos movían a los nostálgicos que disfrutábamos de este despropósito, aunque haya que asumir que ha sido secuestrado por las carpeteras, los talifanes y los mercenarios teledirigidos por Mediaset. Ellos, para desesperación de esta enladrillora, también son Gran Hermano y no escribo estas palabras desde el desprecio, sino desde la nostalgia.  Si las cabezas pensantes que movilizan al borreguerío dispuesto a dejarse la pasta en estas grotescas batallas consiguen su objetivo, navegaremos hasta la final entre amebas vanidosas sin escrúpulos, dejando caer durante la esperpéntica travesía a algunos de los mejores concursantes de esta edición. Y ya hemos tenido demasiadas bajas. Luis y Alejandra se han entregado sin reservas a esta bendita locura. ¿Pero qué nos ha dado Jony? ¿Y a Yoli? Leña al mono, que se lo merece.

Otrosí y estrambote para cerrar: Alejandra no lloró, sólo estuvo a punto de sufrir un colapso y al color de su rostro me remito. Hizo lo que cualquier hija: abrazar a (la cabeza de) su madre como loca y repetir mil veces mamáaaa, mamáaa, además de prometerle no hablarle nunca más mal, algo que también podría haber hecho Paulita si tuviera sentimientos digamos…¿ normales? hacia los suyos, pero la hawaiana articuló lo que ella cree que se debe en estas circunstancias sin despeinarse y poco más. Tampoco hay que cebarse ya que desconoce el verdadero significado del amor porque desprecia el más elemental: el de su madre. Menos mal que Luis, ese redentor que se desenvuelve como nadie entre Lorca, Le Corbusier, Juanito Golosina y Chiquito de la calzada, ha conseguido que Paula, por su bien y el de su trayectoria en  Guadalix, felicite a su madre por su cumpleaños tras cinco años de secano.

El caso es que lo de preocuparse por no haber llorado sólo pone en evidencia a quienes utilizan las lágrimas para conmover, sobre todo si se hace esta reflexión tras haber visto a otro compañero derramar las preciadas lágrimas  por amor y sin premeditación.

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Mamá, nunca más te voy a hablar mal

 

Parafraseo a Luis para titular el ladrillo. Al final va ser que es verdad que es un artista.

Hale, sayonara!

 

 

*Fitzgerald fue el apellido de soltera de Rose Kennedy, matriarca del clan Kennedy. Para no dejar mal a Fran, que ya ha tenido bastante, podríamos considerar a los Kennedy como lo más granado de la sociedad americana, equiparable en este sentido a la Casa de Alba española.

 

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