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Morbo: el punto G de los jefes de Gran Hermano

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La vergüenza que viene dando Gran Hermano dese hace unos años no es ni medio normal. Últimamente se me llena la boca de pedir que nos devuelvan el GH de siempre, el de casa. El nuestro.
A estas alturas de programa aun no sabemos si nos han tomado el pelo, si nos lo están tomando o si nos lo van a tomar. Vivimos con la incertidumbre de “¿y si esto es todo una mentira?”.

Incluso ya fantaseamos y nos atrevemos a decir “el último día nos dicen que todo era un secreto y que GH empieza ahora”. Lo decimos de broma y con la boca pequeña pero como nos mangonean tanto alguno que otro llegaréis a plantearos incluso esa posibilidad.

La mayoría somos seguidores fieles desde el primer año. Y sé que nos agarramos a un clavo ardiendo y queremos creer que todo es verdad, que todo lo que pasa en Guadalix es casualidad. Y que nada está previsto. Pero no nos engañemos. Ni nosotros los veteranos a día de hoy nos creemos esta pantomima, sabemos perfectamente que hay un alto porcentaje de que por algún lado, que exactamente no sabemos cuál es, nos la estén metiendo doblada.

Pero ninguno nos atrevemos a decir de dónde vienen esos desbarajustes. La cabeza nos quiere guiar para ver la luz y desmantelar esta broma y el corazón granhermanil te desvía para que vuelvas al redil. Cerramos los ojos y volvemos a creer ciegamente en el formato aún sabiendo que de aquel Gran Hermano que empezó hace 16 años, solo se conserva el nombre.

Últimamente no nos creemos los porcentajes nunca o casi nunca. No reímos a carcajadas de esos empates técnicos jueves tras jueves. Nos adelantamos a la jugada de los cara a cara, sabemos de qué manera nos van a engañar cada vez que hay un duelo. Las expulsiones no son democráticas, no están en manos de la audiencia desde hace unos añitos. Las expulsiones las decide la trama que en ese momento este sucediendo en la casa. Las decide el share de la noche.

Es triste, y algunos me diréis “¿y por qué sigues votando?”.
Pues fácil. porque al final este programa tiene ese no sé qué que me seduce y me encandila la mente, me vuelve a ilusionar año tras año y se me olvidan los palos de la edición anterior.

Llevamos años donde por inercia nos sale decir “ganará el que ellos quieran”. Joder, y está feo decirlo, está feo seguir viendo GH si pensamos así. Pero coño, es que es verdad. No es que lo impongan, pero te aleccionan con vídeos llenos de corta y pega donde cualquier cosa incoherente te la van adornar con música bonita de fondo.

¿Por qué este año no hemos presenciado las nominaciones en el confesionario como toda la vida?. Pues porque los concursantes pintan una mierda y nosotros otra. Esas nominaciones dan lugar a condicionarlos, a que salgan siempre los mismos nominados, se provocan duelos que es lo que a ellos, a los de arriba, les llena la caja.

Porque señores, bien es sabido que el morbo y la gracia estaba en ver cómo se apuñalaban a la espalda con la nominación secreta. Verles una semana entera calcular por donde le habían venido los puntos. Y mientras a ti te da morbo solo de pensarlo, los jefes pasándose la esencia y el formato de Gran Hermano por el forro de los cojones. Riéndose en nuestra cara.

¿Por qué las entrevistas no son todas con el mismo nivel de seriedad y severidad?
Porque se la pone en las narices a Mercedes Milá y lo jodido es que te lo dice y se queda tan tranquila. Ella decide a quien hay que hacerle un juicio y a quien hacerle pasar una bonita velada.

Por no hablar del daño gratuito que les hacen a los concursantes a cambio de 15 minutos de morbo en prime time. La información del exterior daña, los hace sufrir, los desestabiliza mentalmente. Y para colmo a nosotros seguidores del formato no nos gusta. ¿Por qué entonces les dan tanta? ¿Por qué la filtran?

Pues volvemos a lo mismo, porque vende más un debate donde un expulsado lanza cuchillos a su compañero, mientras este sufre, que un debate donde se vean vídeos ordenados de manera cronológica y con sentido común.

El concursante de fuera acepta hacerlo por lo que sea, porque quizás si no lo hace ese día no tiene sitio en el debate, así se las gastan. Queda como un hijo de puta de cara a su compañero hundido y los de arriba lavándose las manos y con el share bien alto. Y así cuando se reencuentran y se reprochen ese alegato ya tienen otro momento morboso y donde corra la sangre.

Aquí somos víctimas todos, nosotros y los 15 valientes que deciden meterse en esa casa. Y perdemos todos, solo hay un ganador y no es el concursante que se haga con los 300.000 porque eso comparado con lo que gana Telecinco, se queda en nada.

Pero sin duda quien más pierde con todo esto es el propio formato ese que cuatro indeseables se están cargando. Lo están haciendo trizas poco a poco hasta que ya no quede nada. Ni siquiera el nombre.

Lo que me encantaría es que por lo menos Mercedes Milá tenga la decencia de no decir “ese momento lo estaba yo viendo en directo” porque ahí es cuando siento que me toman el pelo. Hace tiempo que se nota que no ve el directo. Ella misma ha perdido el interés y únicamente se presenta los jueves a dar su función. Es más, ni improvisar sabe ya.

Y el formato cuesta abajo y sin frenos y sin nadie que lo vaya a remediar porque a veces ni los propios concursantes ponen las cartas sobre la mesa y tienen los huevos de darle un giro a esto.

Si lees el texto una de las palabras que más se repite es morbo, pues eso. Morbo es el punto G de los jefes de Gran Hermano.

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