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¡Podemos!… salvar a Omar y Lucía

ladrillo obsy txiki

Buenos días sin exclamaciones ni licencias literarias. La enladrilladora ha dormido tres horas y tiene que dosificarse para abordar su panfleto.

Acabo de ver a Tomás Blanco. Ha vuelto. Pierde ante la cámara, pero no me cabe duda que es cuestión de tiempo que nos embauque también desde su nueva poltrona. Sigue siendo el más brillante de todos y se ha mojado hasta la cintura: pide que el público retrase el voto castigador a Omar. Mi intención es ir más lejos todavía y defenderlo. Tarea compleja ya que el sujeto no colabora, pero como carece de familiares cercanos que lo apoyen como se debe (es huérfano de madre y su padre emigró a Vallecas con su otra familia) y Carabanchel ha hecho el resto, estoy dispuesta a demostrar que si GER existe, tiene la obligación de librarnos de las aguas mansas, que de las bravas ya nos libraremos nosotros si hiciera falta.  El obstáculo residirá -como siempre- en el perfil del votante y en la selección de vídeos que el equipo de realización nos brinde en el Debate y en la  próxima Gala, espacios de máxima audiencia.  Apuesto a que la próxima semana no se decantan por el veredicito a bocajarro y nos marean con el cierre de votos. La recaudación promete… El caso es que debe haber algún fichaje nuevo en Guadalix ya que de momento hay que felicitarlos contra todo pronóstico. Mi enhorabuena al nuevo montajista (de montar vídeos, no me refiero a Alberto Isla).

No quería empezar este ladrillo con una introducción pero es lo que hay. Tomás siempre será un buena noticia entre los adictos a GH. Bienvenido.

(Nota: A  partir de ahora y de manera temporal la siglas GH deben traducirse como Gran Homar)

En realidad quería empezar con un par de piropos a la gala y a Merceditas, que estaba ayer con el guapo subido y hasta pidió disculpas por una cagada en toda regla por un comentario tan innecesario como cierto acerca de los piños y la calva del potro de Carabanchel. Pero sobre todo quería pedir disculpas a Mayca. La he linchado con dureza desde mi púlpito tuitero y ayer su serenidad me impresionó. Ella cree que la han largado por su sinceridad, pero yo opino que la han largado por su coño: es tocárselo el prójimo -ponga el lector comillas donde le parezca oportuno- y ponerse en jarras la cordobesa con el coño en la boca y creo que esto último es una metáfora. Independientemente de este juicio chusquero he de decir que fueron las amigas de la cordobesa las que consiguieron avergonzarme. La salida de Mayca se traduce en un sueldo menos en casa. Y la enladrilladora ya ha dicho cienes de veces que es buena persona aunque no lo parezca. Mucha, muchísima suerte para ella y mis disculpas por ser tan lenguaraz y frívola, pero esto es así.

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Fin de la parte presuntamente seria y vuelta a la jungla, que la pitonisa Lola sigue encerrada y le pienso dar la misma estopa, aunque ayer por fin tuvo una visión antes de acostarse: que los de fuera éramos capaces de echar a Johnny para dar por culo. Me decepcionó que no se le pusieran los ojos en blanco ni levitara, pero todo llegará, tened paciencia.

Decía que hay que felicitar al montajista, pero también al castingcista. Escribo desde Word y eso último ha salido subrayado en rojo. Me da igual, lo mantengo. Tanto me gusta el cásting que me dolió en el alma viciosa que ayer alguien abandonara la casa. Deberían haber declarado una especie de amnistía mediática de urgencia, pero la abuela de los hijos de Loli y Mayca debe estar agotada.  Aprovecho para reivindicar la figura de las abuelas explotadas entregadas.

Sin embargo también es necesario dar un tirón de orejas a quien corresponda: urge que las pruebas no se adapten con descaro a determinados perfiles de concursantes. Que a la musulmana se le caiga el velo o que los gordos no puedan mover el culo no es nuestro problema. Exigimos paridad. Shaima acabará con seborrea y Loli y Fran deben bajar peso por su bien. O acabarán cenando caviar con champán, con permiso de Azahara que es la gran troll de la cocina, pero con esa cara de Venus de Boticcelli nadie parece darse cuenta. ¡Pero qué buena es Azahara…! También tengo para ella, pero hoy no toca.

Hablaba en la introducción del perfil del votante.  Por desgracia, la mayoría de las expulsiones se resuelven durante las galas en función de la selección de imágenes que se emiten. La rebuznadora y los hipotéticos y sufridos lectores somos una autoridad en estas lides. Hasta ahora el  montajista se ha implicado descaradamente en tal o cual causa decantándose con descaro por algunos de los aspirantes. Sepa GER los traumas de cada uno, pero se diría que el currito (¡o currita! ¡o ambos!) que junta trozos de vídeos goza de salud mental y profesional. El caso es que hace unos días me regalé un masaje relajante y aquello se convirtió en un alegato antipaulista. Era lunes y la masajista andaba preocupada por el papelón de la hawaiana ante la irrupción  de la ex en su (falsa) carpeta improvisada en Guadalix. Todavía no se había enterado de que la aventurilla de Omar había finiquitado. Acto seguido la muy incauta se compadeció de la falsa tonta de esta edición. Tuve que emplearme a fondo para convencerla de que Lucía había ido a por lo que era suyo, aunque en un alarde de soberbia se tiró el farol de que ella iba a concursar. La soberbia, como es lógico, le duró lo que dura el dolor que causa ver al hombre que hace tres semanas le juraba amor eterno metiéndole la lengua a la campanilla a una elementa como Paulita. Y el final de la soberbia casi siempre es identificado por error con la pérdida de la dignidad, si bien en la mayoría de los casos lo que  implica es un derroche enorme de generosidad, como en este en concreto, ya que Paula, que sí es mala de solemnidad y bastante más fría de lo que aparenta a pesar de sus alardes de violencia incontrolable, humilló a la ex-ex con la más indignante de las sentencias: te estás comiendo mis babas. Y no te digo las de dónde. O así, ya sabe el valiente e hipotético lector que yo no transcribo literalmente por pereza guglera.

La masajista reaccionó como se debe: “Qué sinvergüenza. Qué mala. Qué putón verbenero”. Conviene aclarar que la masajista también fue humillada en su momento por un dominicano gorrón. La abandonó por una procuradora más reputada que las gallinas, dice ella entre suspiros cuando me anda por los pies. Yo aproveché para contarle lo de la deportación de la catalana de Hawai y otros misterios sin importancia que me quitan el sueño, como la incógnita sobre la academia de baile en la que Paulita ha aprendido a bailar la sardana. En Hawai no ha sido porque yo he visto Lilo y Stitch  y allí los intestinos se mecen con más dulzura. Soy muy muy fan de Stitch, por cierto. Estoy convencida de que es mi alma gemela.

Divagué también sobre otros asuntos, como la diferente condición social de Omar y su exexnovia Lucía. Ella parece andar un escalón por arriba. O medio. A sus padres no les agrada su noviazgo con el de Carabanchel. El maromo es más basto que un arao porque el mundo lo ha hecho asín. Le ha tocado quedarse solo en la vida. Esto no es que disculpe sus maneras aunque ayuda a comprender, pero a pesar de ello tiene su pisito y sus cosas. Y sueña con adecentarlo para que Lucía viva como una reina . En estas que Lucy lo manda al carajo por enésima con el pretexto de una de sus espantosas gorras. Imagino que sus padres lo celebrarían. Y el de Carabanchel se encuentra en Guadalix con su alter ego: una choni deportada tatuada hasta la campanilla y maltratadora de abuelas a la que trata como el polvo que es, con el agravante de que Paulita colabora porque ambos conocen la dinámica de la carpeta. Sólo hay un precedente de intención de matrimonio exprés en GH. Fue en la primera edición y resultó tan falso como éste: Jorge Berrocal hizo el ridículo ante toda España gracias a Mª José Galera. No hace falta añadir mucho más.

Pero Omar  precisamente huye de eso aunque no lo verbalice y presuma de ser un impresentable. Su exex representa lo contrario y además se la juega en directo bajándose las bragas metafóricamente. Se quieren, no hay más. El mariposeo que se desprende del interesado calentón se transforma en la paz de una relación  apasionada, estable y duradera. La enladrilladora imagina que la oposición de la familia de la exex  habrá sido una fuente de conflictos en esta pareja. Ella ha perdido la dignidad por su chulo de Carabanchel ante toda Ejjjjpaña y Omar no va a cambiar el polvo de Paula por el brillo de Lucía, que además ha sido liberada del conflicto por su padre que está enfermo. Y eso sí que es amor. El de los padres, digo. Cuando se tienen, matizo.

Sin embargo e independientemente de otros juicios, la enladrilladora considera que la verdadera humillada en este triángulo es Paula. En quince días nadie pierde la cabeza por nadie, salvo un machito de manual como Omar, que no iba a desperdiciar ni la carpeta ni el polvo, sólo faltaría. Lucía, por su parte, y de manera inconsciente, la ha relegado al papel que le corresponde: Paula no es más que un polvo oportunista, con el agravante de la reciprocidad, ojo.

(Inciso: mientras redacto esto en el directo Omar acaba de corroborar mi teoría. Paula es un calentón. Ya está Shaima pregonándolo donde debe. Que el profeta la guíe y nosotros lo veamos.

Soy consciente de la incorreción de género que supone “defender” esta causa y de que está muy feo decir eso después de beneficiarte a una (presunta) dama, tanto como que Paco, el taxista, diga a Mayca sin venir a cuento que no es su tipo. Lo habrán vuelto loco en la Posada al pobre. Pero siempre hay matices y por ello me he molestado en redactar este ladrillo infumable. Y en editarlo a las ocho frente al mar.

Para ilustrar este bloque y disculparme por mi torpeza literaria y su extensión, subo esta foto de la excarpeta  tras los diez minutos de alivio que sellaron su amor.

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Omar y Paula tras su primer coito o lo que fuera

Además de estos delirios tengo otros. El más recurrente es el comportamiento de Paula, que injustamente ha sido comparada en ocasiones con Fresita. Hay un abismo entre ellas, pero me limitaré a evocar una sencilla comparación: si la Hawaiana se quedara a solas con una vaca le retorcería el pescuezo al rumiante ipso-facto. Después de eso lloraría por los rincones apelando a sus duras circunstancias vitales. Con un ojo puesto en cada uno de sus compañeros y el otro en las cámaras y en la despensa y en el jardín. Como hay distancia entre ambos cubre 360º de campo visual. Y es que Paulita va de tonta (y lo es) pero también es una gran observadora. De hecho apenas le costó un suspiro adivinar que (el desaparecido) Papirrín era su pareja reparando en los detalles. La pulsera roja le dio la clave.  Deduzco que debe ser también fría, ya que el hipotético nerviosismo que se asocia a este momento a muchos nos hubiera impedido procesar datos. Es rápida además. Ayer Lucía se sacrificó a cambio dos puntos. Como el sacrificio era casi una inmolación, ella (Paulita) consideró que eran tres puntos los que tenía que intercambiar. Lucy no estuvo fina. La hawaiana, que está muy curtidita tras una corta vida plagada de vivencias, estuvo al quite, ni pestañeó  y no insistió. La enladrilladora considera que la dependienta de Zara es un caso perdido: bocazas, pasional y con vocación de meter la pata por el subidón que lleva reconquistar al Gran Omar, pero también infinitamente más noble que su rival.

Debería empezar a plantearme el final de este despropósito. Aún hay más, pero no quiero que se me olvide hacer un llamamiento a la población de Albacete. Nada de clemencia con primo Johnny que ha ninguneado a Yoli. Los toreros son mejor partido que los deportistas porque se puede heredar antes.

Quedan, por desgracia, demasiadas cosas en el tintero. Seré clemente e iré terminando, no sin dejar claro a los moralistas que Omar se la hubiera enchufado a la mismísima Loli si se hubiera puesto a tiro  (nobleza obliga) y que Paula se hubiera dejado enchufar por el mismísimo Fran si hubiera sido necesario. Todavía está a tiempo. Ambos iban a lo que iban, pero algún alma caritativa de las de ahí arriba les ha desmontado la carpeta y ahora van a lo que van: el de Carabanchel se ha decantado por arriesgar esta etapa a cambio de lo que él cree que será toda una vida  -algo que a mi juicio le honra- y la deportada juega su papel de víctima impostada.

La enladrilladora, además, ha hecho un seguimiento objetivo del lenguaje corporal y verbal de la ex-expareja y se ha conmovido. Hay un abismo entre la falsa carpeta de antes y la pareja de ahora. Se quieren y están muy compenetrados. Con una lagrimilla de emoción he de reconocer que soy corintelladista. Se merecen un final feliz, por lo menos en su relación. Mejor si Omar pudiera desprenderse del complejo social que arrastra ante su familia política.

Mientras tanto, Fran controla la casa desde la barrera... Aquí no hay bandos, dice el apoderao tras transformar al alimón con las hermanas un presunto orden del día sobre la organización de las comidas en un juicio sumarísimo contra Omar y Lucía en el que había que posicionarse como acusación por cojones. Los culpables (de comer bocadillos fuera de horario) tenían que reconocer su culpabilidad también por cojones o arriesgarse a ser (todavía más) condenados al ostracismo. A todo cerdo le llega su San Martín y juro por Ana Mato que no hay segundas intenciones en esta afirmación.

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Las trillizas

Y os quejabais de Páter, incautos…

Besazo a Juan Molina, uno de los concursantes más valientes del Gran Homar junto a la cotorra de Shaima ¡que el Profeta la guíe!

Hale, sayonara que tengo que ir a nadar bajo la lluvia. O a tomarme unas cervezas bajo el dulce martilleo de la lluvia (¡¡!).

 

Dejo baile hawaiano en condiciones

 

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Enladrilladora oficial de la Calcetinería. Un coñazo, pero en tuiter no me dejan pasar de 140 caracteres y aquí sí.
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