Que quince días no es nada…

ladrillo obsy txiki Buenas tardes, sufridos y abnegados enfermos enganchados a las maravillosas crónicas de Maroto y demás.

La enladrilladora se había trasladado a arañar unos días al difunto verano con bastante éxito. Sol, sol y sol, aderezado con una inoportuna gripe que luego ha resultado ser un simple resfriado. Alabado sea GER. Es raro que yo enferme ya que al igual que la pluscuamperfecta Azahara me avituallo divinamente, pero sin manías, no como ella, que está obsesionada con la comida alegando temas de salud. Pero a mí no me engaña: lo que no quiere es que ese pedazo de cuerpo serrano se resienta con los excesos propios de la tierra. Allá ella. No le hace ninguna falta. Es un bombón. O mejor dicho: una bombonera, objeto decorativo inerte, no sé si se me entiende.

Decía que andaba el viernes con un ojo puesto en el Ifone sudando mis fiebres en una tumbona y el otro ojo en el Frenadol. Calma casi chicha, a pesar de la presencia de Lucy. Más tarde el sopor febril y un par de lingotazos (remedio casero contra el resfriado) me indujeron al sueño. A las seis y media de la mañana la enferma abrió un ojo. El Ipad yacía bajo mi costado y me encontré con la papeleta. ¿Por qué, por qué y por qué me he dormido precisamente esta noche? Que 39º de fiebre tampoco es para tanto, joder. En peores plazas hemos toreado. La última imagen que conservo del “antes de” es a Paula en el jacuzzi profiriendo sus alaridos de princesa de cómic manga. Salgo pitando al minutado, enlazo la retransmisión por orden, termino con la genial transcripción de Maroto y ahora sí, ya me puedo pasar al directo y hacer mis propios juicios.

Deduzco, qué lista, que el súper ha sido generoso con el alcohol y que, como dice el tango, si veinte años no es nada, qué cojones suponen quince días y un mini polvo (o una mini mamada, según se ha sabido después). Y me pongo el tango (Volver) en el youtube para amenizar el ladrillo, versión Estrella Morente, y se me ocurre pedir a un megafoner@ que vaya a Guadalix y le pida a Lucía que se lo cante a Omar. La otra que se joda, con perdón.

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Lucifer con la gorra de la discordia

Porque, seamos serios, en quince días no da tiempo a enamorarse y si encima aparece por allí tu ex, que lo es desde hace justo esos mismos quince días por una discusión relacionada con un gorro, no nos queda otra que darle la razón  a la ex… en lo del gorro. Esta rebuznante da por hecho que Lucía exigió a Omar que se tapara la media calva extraña ésa con un sombrero en condiciones y no con esas gorillas espantosas que luce, que por mucho que sea (cutre) tendencia lucirlas así, no ayudan a prosperar. Y tras un análisis de urgencia intuyo que a Lucía le va más el rollo hipster que el de pandillera de Carabanchel.

Lo que sí da tiempo (y de sobra) en quince días es a montar una carpeta ficticia con consentimiento mutuo y a echar un par de polvos para que se entere todo quisqui.

Decía yo el otro día que era necesario romper el ritmo e incluso las normas en Guadalix, ya que los aspirantes a hacer bolos por las discotecas patrias durante un par de años vienen maleados. Saben que las carpetas venden. Y estos dos pájaros, tanto ella como él, estaban en lo que estaban, es decir, concursando. El de Carabanchel, además, presume de ser un tipo caliente y sarna con gusto no pica: si la puede enchufar en cualquier oquedad, la enchufa. Qué machote.  Otra cosa es la calidad del desempeñe de los menesteres del semental. Pero entró la ex como un elefante en una cacharrería: a saco, nada de jueguecitos como el vergonzoso numerito de Ana Eva y el DJ de la edición pasada. Saludos para Mr Danny, por cierto, que sigue por ahí currando y recordando a la Milá de vez en cuando.

Esta insoportable enladrilladora llegó tarde al show, pero muy en forma. Estaba descansada y no había visto el escenario previo. Los “exex” se quedaron solos. Los efluvios del alcohol ya se habían disipado. Paula montaba el numerito de fondo pero el realizador se quedó con la pareja. Llegó Fran paranoias, que no paraba de rascarse uno de sus mullidos brazos, y dictaminó que se iban a tener que ir todos de la casa. Me relamí pensando que la falsa hawaiana se podría haber liado a hostias con el mueblerío (humano o no). El apoderao, cariacontecido, presunta, exageradamente preocupado y arrogándose el papel de magistrado del Guadalix, enjuició duramente a Omar, que se lo pasó por el forro de los cojones. Con un par. A Lucía tampoco parecían afectarle los juicios de desconocidos ajenos, que eso es lo que al  fin y al  cabo son esta pandilla de aprendices de concursante.

Que ella había ido a por lo que era suyo.

Oighhhhhhh
Quince días no es nada

Y lo consiguió.

Omar se conmovió: más vale chumino carabanchelero conocido en mano que pájara-hawaiana-que-emite-sonidos-raros (y pega a su nonagenaria abuela) volando.

En estas estaba yo, convencida de que la relación de estos “exex” es real y hasta conmovedora cuando apareció Xamy para hacer su enésima tanda de preguntas y darles su ración de compañerismo de pexiglás. Ella es así, que el Profeta la guíe y por Alá, que no salga el jueves que todavía no se ha quitado el hiyab que es lo que todos estamos deseando y el que diga que no miente como un bellaco.

Lo demás era previsible: Paulita llorando por los rincones (tonta, más que tonta, no se revuelca una con un desconocido en público hasta las bodas de plata) y el resto contra Lucía, imaginando complots conspiranoicos con Fran a la cabeza… porque tras el falsísimo buenrollismo inicial y entendido que hay en juego un buen puñado de euros (bolos, intervíus e incluso corridas en plazas de toros de segunda aparte) quieren quitarse del medio a Lucía, esa ‘intrusa’ que ha llegado la última y se ha hecho visible la primera escenificando un delicioso (y necesario) culebrón. Eso es todo. Temen que pueda haber vendido la estampa de novia herida out there. Y esto es un concurso, Fran, no te hagas el despechado que estos cuernos no son los tuyos. Ni los de Luis. Y ha quedado bien claro que Lucy es mucha Lucy, aunque la enladrilladora sí contempla que la ex-expareja haya podido imaginar este escenario en algún momento puntual, antes de la pelea por el gorro, pero nunca hasta el punto de calcular esta madrugada gloriosa.

El caso es que mientras me vencía el sueño febril de nuevo, me los creí. Al final, él acurrucó la cabeza sobre ella y yo me sentí aliviada, no sé por qué.

Mientras tanto, las Chacha Hermanas se ponen cada vez más en evidencia. Pero qué malas, qué ordinarias y  qué desagradables son, mención con honores a la pitonisa, que hace unos días, en uno de sus arrabaleros sortilegios veía a Lucía lejos de Omar.

(Nota mental: recordar a l@s megafoner@ que le comenten a Loli que se saque el carnet de manipuladora de alimentos y abandone la quiromancia)

Vitín, por su parte, deja entrever lo que es: el amigo feo (¿?) envidioso que tiene que contar chistes para hacerse visible. Y Yolanda, firme, sin prisa pero sin pausa, está cada vez más cerca de conseguir que primo Jonathan le conceda una caricia a modo de limosna. Caerá, no me cabe la menor duda.

Voy terminando, tranquilos.

Por si algún sufrido e hipotético lector ha tenido el valor de llegar hasta aquí y a pesar de todo lo anteriormente expuesto,  la carpeta estrella de la edición no sería ninguna de las anteriores, no.

La dulce y pluscuamperfecta Azahara hipnotizaba la otra mañana con sus bondades a primo Juanma. No es para menos. Sería interesante que JuanMa y Azahara se encarpetaran y se reprodujeran. Qué ideales. Qué modernos. Qué estilazos. Mi madre, que por supuesto está enganchada a este vicio estulto, me llamó indignada para decirme que eso sí que es una hija como GER manda. El primo que no dice quinientas veces al día “primo-primoooo” la miraba entre arrobado e incrédulo, como yo, que tampoco doy crédito a ese derroche de virtudes. Él, a diferencia de ella, hija, hermana, novia, compañera de trabajo perfecta—y de concurso y de todo lo que se le ocurra al masoquista lector—se lamentaba de su carácter despegado y aventurero en la relación con su familia. Ojalá esté equivocada y Azahara sea lo que representa, es decir, la perfección, porque como concursante sólo es una cara bonita, como ya le zampó la Jurado a Paquita Rico en tiempos porque no sabia cantar… a no ser que sea finalmente ella la que despoje del hiyab a Shaima para amordazarla, que podría suceder si la ceutí no deja de darle la chapa cuando se acuesta. Le está muy bien empleado a la rubia por meterse en la cama tan temprano.

Hale, hora del Frenadol, del Vicks-Vaporub y sayonara.

Dejo  el tango, que es precioso y va fenomenal.

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Enladrilladora oficial de la Calcetinería. Un coñazo, pero en tuiter no me dejan pasar de 140 caracteres y aquí sí.
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