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Risah y lágrimas

Marina

ladrillo-obsy[dropcap]N[/dropcap]o voy a perder el tiempo en deshacerme en halagos hacia Sofía, la hija de la elegida de Dios, porque esta semana no toca y porque se supone que apenas acabamos de atravesar el ecuador de este despropósito. Es demasiado pronto y temo que todos esos elogios contribuyan a exacerbar el odio que le profesan los adoradores de la peor discípula de mi queridísima Ana Botella, o peor todavía, el de la legión de castradores vocacionales que ha sucumbido a los presuntos encantos del pelotari vasco. Y lo de castradores es lo mínimo con lo que me puedo despachar en virtud de las llamadas al orden cósmico que padezco en las redes casa vez que pongo al tirano de la edición en evidencia… Decía que debo aclarar y aclaro que Sofía me fascina toda ella, y como nota curiosa añado que su indiscutible belleza no ha lesionado mi frágil autoestima, es decir, no me da envidia contemplar su estampa remorena. Es más, me gusta mirarla, y ya que está en auge al abanderamiento de la ambigüedad sexual he de recalcar que en el hipotético y remoto caso de pasarme a la acera de enfrente (o alternarla con la mía) la navarra sería un trofeo que exhibiría con orgullo en mi lista de conquistas. Una pena que yo tenga clarísimo que no me dejaría tocar el potorro por una semejante para caer en gracia a una legión de españolitos abanderados de la modernez de pexiglás, como mucho un lengüetazo a traición en el codo, que no es zona erógena ni lesionaría mi identidad de género.

(Pido disculpas por ser tan casposa y por no llevar sombrero).

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Pero que con una moza cómo ésta igual me lo pensaba, oye.

El caso es que hoy estoy aquí para ‘hablar de mi libro’, es decir, mi intención es tratar de reconducir al hipotético y sufrido contribuyente para que no le tiemble el pulso si decidiera estirarse e invertir un euro y pico en nuestra causa, que no es otra que prolongar el entretenimiento a toda costa. Y aunque escribo sin apenas pasión porque las musas se fueron a pastar el día que comprendieron que lo de la magia era un cuento chino (se puede cambiar magia por convivencia-y-aislamiento-sin influencia-del-mundo-exterior) aún conservo la suficiente energía para redactar un panfleto infumable con la intención de que se haga justicia. Y de justicia es acabar con el triunvirato de memos que acapara los contenidos de Guadalix en este momento. Me refiero a Jesuso, a su enamorada de emergencia y la mamporrera que los asiste a ambos. De la tiranía de Aritz y la manipulación de su puta asiática (y  a mí que me registren que este término lo acuñó el vasco para referirse a su chino) hablaremos en otro momento. O no, porque lo mío es fluir y ya que estamos ayer leí al Gatete que andaba confundido entre seguir las directrices que marca la parte contratante o las suyas propias y ha vuelto a esbozar un conato de defensa o justificación de la estampa del ambiguo y mal encarado euskaldún del sombrero. Al final las conclusiones, se apliquen a quien se apliquen parecen tener una buena excusa: no digas que no te avisé. ‘Que yo no soy maricón’, en el caso de Aritz, y ‘que no quiero nada contigo’ en el de Sofía y Suso. Como si semejante (e infumable) argumento se pudiera aplicar de manera tajante en asuntos que incumben a dos, independientemente de lo que dicte la voluntad de cada alma, que en el caso de Suso -por mucho que berree- no puede ni podrá impedir que Sofía se sienta atraída (temporalmente) por su estampa de narciso amor de madre, aunque me juego un  kilo de quinoa a que la situación se invertirá cuando se apaguen los focos de Guadalix y se enciendan los de MHYV; y lo que es peor, en el caso de Aritz porque además participa de manera proactiva, que es más que activa, en los juegos  sexuales que tanto parecen desagradarle cuando aflora el pelotari malencarado que lleva dentro. Y he escogido bien el término pelotari porque precisamente eso es lo que está haciendo el vasco con el chino molón: jugar a la pelota vasca. Sabedor de que la estampa de Han es atractiva -sepa GER cómo se reparte lo del carisma y de eso al chino le sobra- el iracundo, tirano y justiciero tipo del sombrero pretende hacerse con la patente de corso de Han utilizando sus dotes de seducción (¿?) para impedir que su (presunto) enamorado se interrelacione más de lo debido con los demás borregos, no vaya a ser que la jodamos, el chinito se descontrole, saque los pies del plato y monte un puñado de vídeos molones con el enemigo, porque si hay algo que Aritz le reprocha al chino para torturarlo controlarlo cuando aflora el pelotari que lleva dentro, es que actúe de cara a la galería mediática. ¡Si lo sabrá el bien …! Pero donde las dan las toman y el adorable chino es muy consciente de la estrategia de Aritz. Y es que Han es el principal rival del vasco porque es un firme candidato a llevarse el maletín en virtud de las cualidades que lo adornan: histriónico, teatrero, frívolón y juguetón, una reinona asiática que no tiene un pelo de tonto. Le basta con sentarse y dejar que el pelotari continúe con sus reproches mientras lo tortura y le falta el respeto para dejarlo en evidencia. Y entre col y col lechuga, o mejor dicho: entre puta y puta, taconazo: si nuestro chino pilla cacho, mucho mejor.

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Pansexual con sombrero y tatuajes, escena costumbrista

A esta enladrilladora se la suda mucho la orientación sexual del prójimo por norma general, salvo cuando -como en este caso- el sujeto se ocupa y preocupa por generar deliberadamente misterio con tintes místicos en torno a un asunto tan elemental. Iba a escribir intrascendente pero teniendo en cuenta el ámbito en el que nos desenvolvemos no iba a colar. Y es que es sabido que la parte contratante alimenta al borreguerío de los réditos que arrojan las entrepiernas de algunos de sus asalariados, razón por la que los amantes de este formato estamos obligados a digerir en prime time ingentes sobredosis de alcahueteo -fingido o provocado- de los protagonistas de este desaguisado. El caso es que no hace falta ejercer de místico elevado por encima de lo humano, de lo divino y de las vulgares connotaciones carnales que el sexo y su práctica implican, no. Podría adornarlo tras manifestarse con simplicidad: le doy a todo y también me dan. O no, qué más da, pero uno no se presta entonces a revolcarse con un chino cada dos por tres para rechazarlo después con crueldad. Pero tiene una excusa poderosa, naturalmente: él  se define como pansexual que es algo mucho más molón que la bisexualidad, ya que los pansexuales pueden sentir atracción por cualquier género, y actualmente y hasta nueva orden los expertos en la materia distinguen un total de cinco géneros: heterosexual masculino, heterosexual femenino, homosexual, lesbiana, bisexual e indiferenciado. En definitiva, un follón tremendo, el caso es que Aritz no es maricón y punto, o más bien es que se niega a ser etiquetado como tal. ¡Qué vulgaridad y qué atraso! Por cierto que el día de los pansexuales es el ocho de diciembre, que se corresponde con la festividad cristiana de la Inmaculada Concepción. Ahí queda eso y ya que de formas de sexualidad hablamos, aprovecho para subir la audiencia generar polémica en torno a los gustos sexuales de la repescada de esta edición. Al margen del fiasco que ha supuesto la reincorporación de la (patética) extremeña, aunque haya que reconocerle el mérito de darnos la razón a quienes invertimos unos eurillos en largarla en su momento, esta retorcida rebuznadora se ha permitido el lujo de dudar sobre las inclinaciones sexuales de la insoportable, egocéntrica y mentirosa fisioterapeuta. Es evidente que son especulaciones personales fruto de la observación empírica, esto es, de las horas que me chupo enganchada al directo de GH16. Y es que la poca pasión que Raquel manifiesta ante Jesuso es alarmante. Ya no es que no haya sentimientos, que es algo relativamente normal por las circunstancias, es que tampoco hay atracción, ni química, ni pasión entre ellos. La nada. Cero. Sería deseable, como mínimo, que manifestara su atracción de alguna manera tangible, palpable o creíble, algo para empatizar. Está claro que Jesuso es el eslabón perdido, pero una docena de polvos tiene, sobre todo durante un encierro en el que se carece de otra forma de entretenimiento. Yo andaría gosándomelo por los rincones aunque sólo mediara  interés por mi parte. Pero no. Raquel escupe tequieros a bocajarro con gesto de desagrado como prueba irrefutable de su pasión mientras comparte lecho a tres bandas con la malagueña dentuda sin dejar de mentar la verdadera causa de sus desvelos: Sofía. Fue la navarra la que hizo la observación sobre el particular en una conversación con la divina Martita: “cuando me vio por primera vez, no dejaba de mirarme. Le brillaban los ojos tanto que yo pensé que era lesbiana”. Y atando un cabo de acá, otro de allá, un gesto, un comentario,  un cerrar el chiringuito, lo de salir corriendo de Cáceres a la capital y ante el sopor que me provoca la forzada carpeta, esta retorcida enladrilladora empezó a valorar que quizá, a lo mejor, tal vez, pudiera ser que a Raquel en realidad le atraigan las mujeres aunque no lo haya llevado a la práctica. O no, qué más da. El caso es que llama la atención la tibieza que demuestra ante las (vulgares) manifestaciones de deseo que le procura Jesuso. Pura especulación basada en la intuición, conviene aclarar, pero Sofía vive allí con ella y sus juicios, incluso los apresurados, merecen mi respeto. Y esto también forma parte de mi fascinación por ella.

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Raquel y Jesuso congelando el agua del jacuzzi

Ya se me ha ido el santo al cielo para variar y habíamos quedado en que yo venía aquí a hablar ‘de mi libro’. Y es que mi intención es contribuir en la medida de mis posibilidades a largar a la gran decepción de esta edición, además de provocar la ira de quienes estén en desacuerdo con mis soflamas y alegrar o por lo menos entretener a quienes las compartan. Y Amanda, esa diva de pacotilla que no tiene nada de especial salvo el envoltorio que se ha fabricado para disimular su vulgaridad, y entiéndase lo de vulgar en todas y cada una de sus acepciones, es el gran fraude de esta edición. Es posible que tras su retahíla de postizos tal vez se esconda una persona acomplejada o insegura -nada que objetar en reforzar la personalidad a través de la imagen- pero su tendencia al autobombo, su feroz competitividad, que por cierto está muy alejada del espíritu clásico del deporte, y digo lo de clásico porque corren malos tiempos para enaltecimiento de según qué valores y si no que le pregunten a Marc por Valentino… decía que Amanda, esa tía enterada y petulante, es la representante universal de aquella repelente y pelotillera compañera de clase que siempre levantaba la mano o se ofrecía voluntaria para salir a la pizarra o le limpiaba el culo al hijo del profesor de turno si hacía falta.

(Inciso: la anécdota de la limpiada de culo al hijo de un profesor  es verídica y la vivió esta enladrilladora en tiempos)

Pero lo peor de Amanda es su cansina e insoportable conversación cuyo registro se limita a la primera persona del singular y a una serie de coletillas vacías que rellenan sus carencias a pesar de que a ella le duele la boca de presumir de que es universitaria con tres Matrículas de Honor, tres. Y yo me pregunto cuántos culos de hijos de profesor  habrá tenido que limpiar porque, o el listón está bajando peligrosamente en las universidades, o hay mucha mierda que limpiar.

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Amanda sin extensiones, creo

El caso es que Amanda (y su disfraz) prometían mucho, sin embargo por el camino se ha convertido en un personaje tan secundario como prescindible ya que ha optado por convertirse en la fiel mamporrera escudera de Suso y Raquel sin asumir ningún otro cometido de manera individual más allá de sus tías, risahs  y yoes elevados a la enésima potencia. Por otra parte, el regreso de la extremeña ha contribuido a distorsionar aun más la percepción que Mandy tiene de sus verdaderas posibilidades. Y es que como bien apuntó David Cano en su día, esos tantos por ciento tan bajos seguirían siendo igualmente ridículos si se votara para salvar en lugar de expulsar. Afortunadamente, y a pesar de que la parte contratante -al igual que Raquel que tal vez esté allí de vuelta precisamente por eso- se empeña en distorsionar contenidos, esta edición está muy viva, tanto como el sufrido espectador, que yo diría que ya no se conforma  con más de lo mismo. El cásting es excelente pero el comportamiento de Amanda es plano, ergo es prescindible al margen del giro que daría la situación en Guadalix con su salida, ya que la mayoría de los aspirantes dan por hecho que la malagueña es favorita. Pero es que la ‘laureada’ estudiante, además, se ha enfrentado al huracán canario y aunque hoy tampoco toca fundir la tecla por Martita porque no corre peligro, algunos tenemos claro que ella es la gran revelación de esta edición. Sin bragas metafóricas y a lo loco va Martita por Guadalix, como debe ser. Y sin alardear de su condición universitaria como otros tantos miles de estudiantes que por cierto no se pueden permitir el lujo de paralizar un curso porque pierden la beca e incluso el respeto de su entorno. No es el caso ni de Amanda ni de Marta, aunque a la segunda parece que le preocupa algo más haberse embarcado en esta locura, ya que por mandato paterno no tiene pensado vivir del cuento durante una temporada arrastrando su palmito por las discotecas patrias. Martita es una chica con posibles y aunque me falta información, no descarto que a Amanda le haya costado una tonelada de risahhhs y sudores costearse sus espantosas extensiones. Y de aquellos polvos, estos lodos, que la envidia es muy mala.

Debo empezar a terminar y aprovecho para pedir disculpas al sufrido e hipotético calcetinero que haya tenido el valor de llegar hasta aquí. Disculpas, digo, por las ofensas en las que haya podido incurrir, que no son nada más que licencias literarias que esta excéntrica emparrafadora se permite de manera puntual mientras dura este despropósito. Pero no me retiraré sin incidir en algo que decía más arriba, y es que esta edición está muy viva, tanto como el sufrido espectador que se diría que ya no se conforma con ‘más de lo mismo’. La enladrilladora tiene la sensación de que el público estrictamente galero cada vez se reduce más precisamente a las galas y platós, ya que el uso y abuso de las redes está generalizado y los que vivimos una temporada por y para esto (que no de esto) cantamos nuestras verdades al barquero. Es decir, cualquier curioso que se interese por el tema tiene acceso a más información, no sólo la que ofrece -intencionada e innecesariamente distorsionada- la parte contratante. Tampoco hay que echar campanas al vuelo y subestimar los mecanismos que rigen este despropósito ya que existen fórmulas que nunca fallan, si bien en esta ocasión ninguno de los aspirantes parece dispuesto a asumir el papel de víctima ni el de villan@ como único registro. El domingo pasado, sin ir más lejos, Sofía fue llamada al confesionario mientras Jesuso y Raquel consumaban (¿o consumían?) su hora sin cámaras, pero la navarra ha salido rana y en lugar de llorar como una magdalena para empatizar con la legión de señoras que alguna vez han sido chuleadas por un charnego narciso y guapetón, manifestó estar encantada de perderlos de vista un rato. Y aquí sí que tocan risah por un tubo.

Por esta razón, por la influencia de las redes, cada vez más consultadas y como consecuencia de ello, con un público cada vez más especializado que sabe leer Gran Hermano más allá de lo que la parte contratante suele proponer, confío en que se haga justicia con Marina; Doña Marina según Tomás Blanco, vaca dependiente de cariño y protección según mi amado (u odiado) Hiperión, que lleva diez años, diez, intentando formar parte de esto a pesar de no dar el perfil… hasta que invirtió en un reborn y se lo llevó a un cásting. No sería justo que un personaje con un patrón tan repetitivo y egocéntrico como Amanda le arrebatara el puesto a una segundona soñadora que se mata por agradar a algunos de sus compañeros para no permanecer aislada durante la aventura de su vida. Además, la sutil perfidia de Lady Reborn es mucho más interesante que el histrionismo artificial  y previsible de la malagueña, que presume de leal y de sincera cuando nadie le ha pedido ni lo uno ni lo otro, y menos en estas circunstancias. Y es que Mandy se ha limitado a no cometer errores graves ejerciendo el gregarismo y el autobombo de salón hasta el hartazgo. A Marina, la señora de Guadalix, nadie la quiere. Pero ella quiere ser alguien y se esfuerza con la discreción y la amargura de los que saben que no son protagonistas de nada, aunque lo desee con toda su alma.

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Juanito , feliz en Guadalix

Hale, ¡sayonara!

 

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