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La princesa del cuento

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Érase una vez un cuento.

Hablar de Belén Esteban como un solo ser es un error colosal del que quien más quien menos hace gala. Véanse simplemente la imagen de la misma 15 años atrás y ahora. Si fuera un extranjero desconocedor de quién es la Esteban, no se me ocurriría ni en lo remoto de mi subconsciente relacionar ambas imágenes con una misma persona. Pero es que además, si uno atiende al comportamiento de ambas, no hay comparación posible. La de antes, la original, la que fue precursora de esta historia llamada La Princesa del Cuento (que no pueblo) involucionó a una parodia de sí misma, un personaje esperpéntico de cuyo origen ni la nariz conserva. Hay ciertas características que la delatan como la misma, cierta altanería y un dedito índice que siempre señala, cierta chulería madrileña recubierta con aun más chulería que nos gastamos los que provenimos de ‘barrios obreros’, el uso de palabras/frases cortas que se convertirían en uso nacional (del me entiendes al pregunto) y un arte para el dramatismo que ríanse ustedes de Delia Fiallo.

Pero la que entonces era solo la del Jesulin era, como dije antes, la original. La que creó el ‘Belén Esteban copyright’ antes de que todo se convirtiese en una telenovela de dudosa veracidad. No me olvido de que su personaje nace en una etapa donde la prensa rosa sufría a su vez (otra) involución, donde de repente personajes como Tamara, el bolso de su madre y hasta el del perejil copaban horas de programación con no-noticias y montajes (un inciso para recordar a Tamara y su cuento de navidad protagonizado por sus lacas). Y claro, entre tanto frikismo nace una estrella, una chica sencilla, tímida pero a su vez con desparpajo, una madre coraje vilipendiada por el padre de su recién nacida y la familia de este. Un personaje que es arropado por las Dolores de brasero debajo de la mesa, con el que se identifican madres y una más de esa mayoría aplastante que somos los que hemos nacido en un barrio como el de San Blas.

Aquella era de una veracidad tan vendible que rápidamente se hizo un producto de la muchacha. Compren, compren los dramas de esta chica. Que podría ser su vecina, su hija o su hermana. David contra Goliat o el cómo Belén enmierdaba mediáticamente todo Ambiciones. En los siguientes 10 u 11 años había que mantener a flote el producto como fuere y competir con los culebrones de la cadena publica nacional. Así es como Belén tiene dramas cada día que contar, a cada cual más ridículo, pero lo hace con una fuerza que sigue aguantando el argumento de tan rocambolesca telenovela. Donde había una chica que había sido expulsada de la casa de su pareja con bebé en brazos, había ahora una sílfide llorando por nimiedades y banalidades varias. Y su aspecto físico y formas empezaron a delatar formas de vida muy diferentes a las de madre coraje y trabajadora que se vendían con el producto. Mi abuela, que no es Dolores, pero que sentencia como cualquier abuela lo excusaba con la diabetes ‘sí, la nariz te cambia así por la diabetes’ me repetía mientras le contaba lo que era vox populi: que en T5 era princesa del cuento por las tardes, y en el barrio de la Concepción princesa de los capos por las noches. Pero Belén Esteban y sus polígrafos tenían más credibilidad que yo para mi abuela y así es como en un mundo de mentiras en el que la original se había evaporado nacía y se coronaba la ‘Princesa del Cuento’, de este cuento y de otros muchos.

Lo que le sucedió a esta princesa es muy sencillo. Ya no era la representante del producto, sino que el producto la había absorbido. Asumió todo el teatro como verdadero y empezó a creer que sus banalidades eran verdaderos dramas, que era princesa y que el populacho la veneraba. Hasta cuando el cuento tuvo un giro dramático y oscuro hacia lo que ya todos sabíamos su imagen permaneció intacta. Si, había sido una tirana y había mentido. Pero miren ustedes, que la princesa estaba enferma y ahora volvería a derrochar buen humor y generosidad. Y las señoras de brasero y hasta los que no creemos en cuentos nos lo creímos. Tan buena nos la venden que algo bueno tendrá.

Ahora es cuando llega GH VIP. Dice Obsy que no entiende el por qué critican a la del cuento por ‘tener casas’ o bañarse en fajos de billetes. Partiendo de la base en la que todos los famosos si no se bañan en fajos de billetes al menos se lavan la cara con ellos (o en caso de que seas muy pobre, como uno que yo me sé, luzcas móvil de última generación), no todos son criticados por este aspecto. El problema con la Princesa del Cuento es el de la estafa. La gente no tendría problemas en que la Belén de hace cuatro noches, la que ponía voz de madre mientras recogía falsos vómitos, ganase mucho dinero. El problema de ese populacho es que ha estado engañado durante años por una corte real donde se ha vendido a una Belén Esteban buena, dulce, sincera, empática, que está al lado de los débiles, de personalidad fuerte y con sus defectos pero irremediablemente divertida. Y de pronto se dan cuenta de que se la han metido doblada, que es una persona envidiosa, insegura, criticona, metemierda (o mete-mierdé, como se prefiera), oscura, victimista, falsa, faltona, cruel, que no acepta críticas, rodeada de aduladores y capitana del bullying televisado más triste de la historia. La audiencia, en lo que a cuestiones económicas se refiere, no están enfadados porque sea una inculta (cosa que ya se sabía) o porque tengan envidia. Es porque el triunfo de una persona buena se acepta de mejor grado que el de una mala.

Si borramos todo lo anterior y solo nos quedamos con GH VIP, pues tenemos una concursante que da mierda divina para despotricar y debatir. Pero si no atiendo a su vida anterior (cosa que juro que he intentado hasta la saciedad) me sigue quedando un monstruo de lo esperpéntico y el mal gusto. Primero y sobre todo porque la del cuento, que en el VIP ha sufrido una nueva involución a dictadora, es mala. Con ganas además. No soporta las críticas y para sentirse mejor con ella misma decide ir a degüello con aquellos compañeros que le caigan mal. Esto se puede ver muy claramente en el juicio a Olvido donde Hades se puso de sobrenombre ‘la voz del pueblo’, sin anestesia ni nada. Belén comenta entonces que ella se ha comido muchos comentarios en la calle por vender su vida, ergo ella va a hacer lo mismo con Olvido. Básicamente ofrece cero empatía y poco importa que ambas sean compañeras de contar miserias y aguantar juicios populares. A ella se lo han hecho, pues ahora ella lo hace. Eso sí, cuidado con opinar sobre su vida o mencionar su enfermedad-sin-nombre que le sube y baja el azúcar y emite berridos-lloriqueos para que quede claro lo malo que son los demás. Porque usar las drogas como arma arrojadiza es un golpe bajísimo. Que se lo digan a Lidya Lozano, Olvido Hormigos y Ángela Portero.

Screenshot_75Belén, como sus acólitos más acérrimos (Ylenia y Victor), sufre de una inseguridad inquietante. Una inseguridad que la lleva a creer que ir a fumar es una provocación, estar desnudo en un baño una falta de respeto a su persona, olvidar poner un plato una ofensa imperdonable, y en definitiva que a su alrededor se fraguan golpes de estado que ni Pinochet habría llevado a cabo. Vive emparanoiada en un mundo donde todos saben cómo ella es y van ‘a que salte’, como si fuese un ser irracional incapaz de contenerse. Porque la autocrítica no existe en el mundo de la Esteban. La crueldad con la que organiza y acepta el acoso hacia otras personas es un ‘aislamiento provocado’ por las mismas. La hijoputez con la que humilla, se burla, grita a los demás se llama en el diccionario de eufemismos de la concursante ‘sinceridad’. Y el tener desordenes de comportamiento y problemas varios graves, pues ahora se conoce como ‘ser autentico’. Claro que que se puede esperar de alguien que, con todo lo expuesto, se define como ‘Eje del Bien’. El ‘Eje del Mal’ es para los que salen a fumar. O algo.

Vive en un mundo tan, tan, tan paralelo que a pesar de que ella tiene como profesión el del despelleje criticando a quien no le baila el agua, son los demás los falsos quienes no dejan de hablar a las espaldas. Que el que un grupo en principio minoritario que ha sido apartado por ella misma reciba nominaciones a mansalva por su grupo decida hacer una estrategia es motivo de berrinche mañanero pegando gritos a todo el que por allí se presente.

Que sí, que todos alguna vez hemos sido un poco Belen Esteban. Un poco falsos. Un poco dramáticos. Un poco cabrones. Pero que la mayoría de nosotros tenemos quizá un criterio moral y ético que no nos permite pasar del ‘poco’ al nivel ‘Belen Esteban’ y que además no vivimos endiosados, haciendo acoso y derribo contra quienes no nos ríen las gracias.

Ammy

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