Buenos días, ta
rdes o noches, queridos visitantes de esta preciosa Calcetinería. Vuelvo a aporrear la tecla porque es justo y necesario tras la intensa jornada de ayer en la que todos los yonkies del directo nos dimos un baño de flores cortesía de Paco debido a la violencia verbal ejercida por Ruvens, Rubens o Roberts —es decir, Rubén de toda la vida— hacia algunos de sus compañeros tras su frustración por haber creído perder el control del juego, control que tal vez haya tenido en la casa pero nunca fuera de ella.
A Ruvens, Rubens o Roberts, es decir, Rubén de toda la vida, se le empezó a descolgar la careta —que rima con carpeta— la que él no ha sido capaz de consumar con Oscar por su complejos y traumas, que intuimos —o por lo menos esta humilde rebuznadora intuye— son fruto de su mal carácter y de sus inexplicables humos además de sus intereses. Esta enladrilladora empezó catalogando al de Albacete como un tirillas sabihondo. En aquel momento, por prudencia —y porque la experiencia es un grado— no me atreví a articular lo que mi (inefable) intuición me indicaba, es decir, que Ruvens, Rubens o Roberts, es decir, Rubén de toda la vida de GER es un ser abyecto, cargante, manipulador, mezquino, ambicioso y acomplejado que además odia a Oscar y lo ha intentado utilizar. Y viceversa, pero lo ha subestimado: el vasco-catalán, nuestra encantadora maricona de lux favorita, además de ser bastante más educado, le da mil vueltas.
En adelante reduciré caracteres refiriéndome a él como Roberts, ya que Daniela lo ha llamado así durante bastante tiempo porque no conseguía acordarse de su nombre. Una grande. Y es que tanto Daniela como Oscar representan todo lo que Roberts detesta: el elitismo, la caspa, pertenecer en definitiva a lo que él considera «buena posición» porque este aprendiz de todo que en realidad no sabe de nada, no es nada más que otra víctima de los parámetros que predominan con frecuencia en su propia generación. Sí: está sobradamente preparado, incluso tiene destellos de genialidad, pero carece de valores esenciales siempre que no sean rentables para su rubendad.
(Inciso: Mientras tecleo, su ilustrada rubendad explica a Manu la diferencia entre ilegal y alegal y aprovecha para autodefinirse él mismo como paranormal. También aclara lo de tontolaba. Más tonto del haba no se puede ser. Dice que viene del roscón y efectivamente así es por eso le tocará pagarlo a él y aprovecho para insertar mi hastag favorito para esta semana: #freeManu. Fin del inciso).
El caso es que Roberts comentaba con orgullo en una ocasión a sus compañeros de encierro aspirantes a influénceres (¡o colaboradores!) que un profesor lo detestaba porque (él) levantaba la mano en clase para corregir en público sus errores y presumir de su estúpida listura ante sus compañeros. Imagino que lo contaba para exaltar su sabiduría simpar, pero solo a un imbécil de manual se le puede ocurrir dejar en evidencia a un superior en el contexto inadecuado. Esta rebuznante presupone que este rasgo de su carácter, junto a otros igual de execrables, provocarían el rechazo en su entorno, reacción humana y comprensible porque además a este miserable si le llevas la contraria o le afeas el gesto, se revuelve como una culebra albaceteña, que no sé si existe como especie y si no existiera ya tenemos el primer espécimen en Guadalix.
Pero no quiero distraerme del verdadero objetivo de mi ladrillo con aspiraciones a libelo. Decía al principio que Roberts ha creído tener el control del juego y en efecto ha controlado casi magistralmente a la mayoría de los habitantes de la casa. Este (mal) jugador, que presume de ser un experto en GH aunque con seguridad desconozca el Mus, es más, lo considerará casposo y anticuado, decía que este presunto experto en nuestra adicción favorita probablemente se haya tragado todas las ediciones VIP’s con sus correspondiente galas y debates, pero sabe poco del verdadero impacto social de las ediciones de anónimos en sus orígenes. Desconoce que antes de que Gran Hermano fuera un circo mediático fue un referente que llegó a ser considerado un «experimento sociológico» ajeno a toda la parafernalia prefabricada que la parte contratante ha ido añadiendo para que toda la parilla gire en torno a este negocio a costa de la ambición de los aspirantes (los de dentro y los de fuera) dispuestos a vender sus almas. Maldito y bendito parné.
(Pausa larguísima para otros menesteres)
Es decir, Roberts se queda con el ruido pero subestima el fondo y además desprecia al verdadero y fiel amante de este formato, de hecho se alinea con el sector carpetero y con las maniobras chusqueras históricamente llevadas a cabo, como digo, por la parte contratante para rentabilizar su parrilla y aumentar una audiencia que además ha evolucionado y ahora prefiere el salseo y el pexiglás a las diatribas y las reflexiones profundas. Nada que objetar, que conste en acta. A mí también me gusta más Belén Esteban que Gustavo Bueno y aprovecho para enlazarlo y que los debutantes sepan quién fue, pero no me avergüenzo de ello ni me considero un ser superior por tener otros intereses o conocimientos como le sucede a Su Rubendad, que en realidad se comporta como un galero de manual que tal vez, además de las galas, haya disfrutado ocasionalmente de resúmenes ya desvirtuados por los intereses de aquellos momentos. De hecho hago un inciso en mi aburrida y anodina vida para volver a aporrear la tecla debido a la forma ignominiosa con la que describió de GH 12+1. Ni puñetera idea: solo dos frivolidades sobre la Revuelta (¡¡..!!) aunque por supuesto se acordaba de la cifra del premio al ganador, que fue Noemí Merino y revolucionó aquella edición (solo de la Revuelta, la edición la ganó el gran Pepe Flores, alguien que si duda Roberts habría detestado). En realidad mencionó esa edición para manipular a Violeta sibilinamente con la intención de que reforzara su unión con Nerea, ya que entre su planes, tras atacar con crueldad a Oscar y deshacerse de él (de momento) está manipular a «las niñas» (sic) y añado otro paréntesis (es que es un tontolaba). Sin embargo sí conoce al dedillo la estrategia de nuestro Jesuso (GH16), cuando los aspirantes ya buscaban la gloria en los platós. Ni una mención al Indhirazo (GH11), ni a Pepe (ganador de GH7 y estratega valiente, no como él)); ni a mi odiado Iván ( ganador de GH10) y aprovecho para pedirle disculpas por la leña que le di…a él y a Chiqui, y para darle las gracias porque fue quien despertó mi vocación odiadora, ahora más conocida como hateadora, hasta llegar a esta Calcetinería en la que me dejan rebuznar sin censura y sin límite de caracteres. No importa que Roberts fuera demasiado pequeño en aquellas ediciones: si presumes de ser una mente privilegiada y un cerebro calculador elevado sobre el resto de mortales y te metes en una aventura como esta, no te quedas en la superficie, so tontolaba: la estudias en profundidad. El caso es que cuando esa niña monstruosa, repelente, mandona y envidiosa contó que era hija de la primera expulsada de GH, Roberts empezó a salivar y se pegó a ella como una lapa convirtiéndola en su protegida, con la idea no tan descabellad de que el primer relevo generacional de la historia de GH sería una garantía. En sus descerebrados cálculos no se le ocurrió analizar por qué su madre fue expulsada, ni tampoco profundizar sobre algunos aspectos de su alianza, como el carácter insoportable del que hace gala. Cuando digo que no era descabellada la idea me refiero a que su madre lleva años mamando calderilla de plató, y ojo que no es un insulto: hace bien, pero algún conocidillo tendrá que le facilite unos megafonazos, por poner un ejemplo, o algo más. Quién sabe.
Inciso: En este punto he de aclarar que la Galera fue también una garrapata pegada a una carpeta expréss. Se amancebó en tiempo récord con un señor inocentón llamado Jorge que iba para militar. Cosas veredes, aquí tenemos a otro, pero descarpetado y con pocas posibilidades de amancebarse porque tiene vocación de planchabragas (las de Violeta, naturalmente). El caso es que a la madre de Laura se la veía turbia y falsa, no se relacionaba con las otras chicas de la casa porque le secuestró las entendederas al genio que inventó aquello de «quien me pone la pierna encima para que no levante cabeza«. El pobre al final abandonó por amor. Otro tontolaba. Después se supo que ella ejerció la prostitución y llegó el primer escándalo. España convulsionó y de aquellos polvos estos lodos o al revés. Fin del inciso.
Esos megafonazos a los que hacía alusión son para Roberts una garantía de que Laura es favorita y querida. Pero la realidad es que despierta el mismo odio y desconfianza, incluso más rechazo que su madre, versión metaverso. Flaco favor le han hecho sus seguidores (contratados o no) al gritarle monerías que no se ajustan a la realidad porque la más joven de la casa se ha venido arriba exhibiendo un carácter tirano y antipático que sus aliados aguantan por las erradas suposiciones de su Rubendad, es decir, porque es la hija de una figura estelar en Guadalix. Esta rebuznadora, además apreció que Laura durante los primeros días apuntó alto: fue directa al grano —de casta le viene al galgo— y se pegó a Edi, que como es lógico escurrió el bulto con maestría y además le gustan más guapas. Por cierto, habría que analizar en otro momento el alto concepto que tienen el gallego y Violeta de sí mismos. Aprovecho para señalar que Edi, además de estar como un percebe de las Rías Baixas, ha permanecido agazapado prudentemente tras Roberts tomando buena nota de sus conocimientos hasta que como buen estratega (él sí) ha colocado su carpeta en el punto que le interesa, pero sobre todo, ha sacado conclusiones tras un rodaje impecable. Debo aclarar que me encantan los percebes, en su primera acepción aunque tal vez también podríamos aplicar la segunda.

Decía que Laura, al igual que su madre, tras la imposibilidad de cazar a un ejemplar de calidad excepcional como Edi, se afanó en secuestrar el alma del probe Manué, que está dispuesto a tragar lo intragable para sentirse a salvo, claro que ya que está, también se traga las viandas que roba la Galera al resto y se beneficia de algún que otro consuelo esporádico bajo las sábanas. Besos no, que perjudica su imagen y él vive de la noche, además la Galera no le pone y por mucho que ofenda a las carpeteras eso no se puede fingir.
Decía al principio de este panfleto infumable que aparentemente todo estaba controlado por Roberts y sus alianzas, gracias al BigBro, ese invento que corrompe la esencia de Gran Hermano para que la parte contratante manipule en función de sus intereses y abro otro inciso pera expresar mi indignación con los responsables: imagino que también se debe al relevo (generacional) e ignoro si la estulticia de forzar la carpeta del pobre Tomasso —felizmente encarpetado en Grande Fratello— subirá la audiencia, pero a esta insufrible rebuznadora le desencadena una secuencia intensa de bochornos.
A pesar de todo y en un giro inesperado de los acontecimientos, la parte contratante cambió el guión y el Bigbro (de los cojones) fue a parar a manos ajenas, unas que no controla Ruvens, Rubens o Roberts, es decir, Rubén de toda la vida y perdió el control. Todos sus esfuerzos en vano, todas esas noches de pantomima, de insomnio calculado dándole conversación a Oscar; todas sus artimañas para impedir que Maica le robe protagonismo… Todo ese odio que lo carcome y lo corroe, todo ese rencor a perfiles como el del gran Oscar o la petardísima y maravillosa Daniela; todo su odio, toda su frustración, sus cálculos de tontolaba, su falta de empatía, su mezquindad y su ruindad (que no su rubindad) le estallaron en la cara.
Ignoro si la parte contratante tendrá la cortesía de ofrecernos el episodio sin censurar, pero esta rebuznante no es partidaria de expulsiones disciplinarias sin violencia física demostrable. Preferiría que acabara dándose cabezazos contra las paredes, con perdón.
Hale, sayonara.
♥Toda mi empatía y mi cariño hacia los valencianos♥
Un comentario
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